Conceptos Preocupantes en la Sentencia de la CIDH sobre FIV

Primero que nada quiero aclarar que no soy un experto en el tema de leyes, pero sí un estudioso y defensor de embriones. Aun así, estas notas las escribo tratando de ser lo más imparcial posible.

He leído la sentencia del CIDH y he comprendido, creo yo, las intenciones de la misma. He quedado preocupado por las implicaciones de la resolución y es por eso que escribo estas líneas.

Primero, brevemente, veamos la denuncia contra Costa Rica como país violador de los derechos humanos:  a) un grupo de personas acusa al país de violentar sus derechos de vida privada al prohibir el FIV (§1-3), b) el país se defiende indicando que no es una prohibición absoluta (§155-156) pues se puede practicar el FIV si no destruye embriones, e indica que dicha restricción se da para proteger la vida “desde la concepción” (4.1 convención interamericana de DDHH que Costa Rica  interpreta como “desde la fecundación”) (§167-169).

Lo primero que hay que aclarar es que en esta denuncia se presentan dos derechos en conflicto: vida privada de las personas contra el derecho a vivir. La CIDH, para resolver dicho conflicto, debe: 1. Comprobar que la restricción a la FIV es absoluta y 2. Determinar si es válido el criterio de protección a la vida expuesto como defensa por Costa Rica.

Lo primero lo resuelve fácil: a pesar de que la sentencia de la Sala IV indica claramente que la restricción no es total, el hecho de que no se haya podido mejorar la FIV para reinstalarla en el país implica imposibilidad de eliminar la restricción en la práctica, por ende la restricción es tomada como absoluta (§159).

Para lo segundo, hay que demostrar dos cosas a su vez: (a) Que el término “concepción” está mal interpretado por la Sala IV y que si no lo estuviera, (b) aun así dicha protección no puede ser superior al derecho a la vida privada. Para (a) la CIDH estudia entonces los conceptos históricos al momento de redactarse la convención americana de DDHH (la que firmamos) y la jurisprudencia de los diferentes tratados en el mundo (algunos incluso se declaran incompetentes para resolver la duda). La CIDH acepta en (§179) de la sentencia que el concepto de concepción cambia con el FIV, puesto que antes no se tenía el conocimiento de manipulación del embrión fuera de la madre. Sin embargo, en (§186 ) la CIDH explica que a pesar de que científicamente se comprueba que el desarrollo inicia con la fecundación, se acepta concepción como el momento de la implantación bajo dos criterios: que sin alimento el embrión muere y para eso ocupa la implantación, y que no había forma de detectar la concepción sino con los cambios detectados en la madre luego de la implantación(§187). Esto amarra los derechos del embrión a la madre e indirectamente deja, al embrión sin madre, sin protección alguna al no ser sujeto de derechos.

La demostración de (b) es muy importante para la CIDH. La idea es demostrar que el embrión no es sujeto del derecho a la protección “absoluta”. Es decir, que aún luego de la concepción, el derecho a la vida no es superior a los demás derechos. Es una protección “gradual”( §188 y §258) . La CIDH estudia todas las discusiones previas a la redacción (proceso aceptado según la convención de Viena, §193). Consigue demostrar que hay varios intentos de incluir protección absoluta del ser humano antes del nacimiento. Pero como los tratados internacionales incluyen a países que aceptan el aborto, y a estos no les servía la protección absoluta, la redacción queda abierta con la frase “en general”( §204). Esto da potestad a un país de no respetar la vida cuando sus principios consideren de mayor importancia otros derechos. Un ejemplo de esto es Uruguay, donde hace poco se definió que un feto de menos de 12 semanas tiene derecho a protección, a menos que sea hijo de un violador, en tal caso pierde ese derecho.

¿Afecta esta lectura a los principios de Costa Rica? En teoría, la convención firmada nos obliga a proteger el embrión, aunque no absolutamente, a partir de la definición de concepción aclarada en esta sentencia. Esto es, define un mínimo. Supuestamente podemos protegerlo más, incluso antes de la concepción, porque la convención no dice nada en contra de eso. Es más, la CIDH en ningún momento dice que no estemos protegiendo la vida, simplemente dice que es desproporcionada. Sin embargo, el supuesto no es tan cierto. La conclusión a la que llega la corte es que si hay algún otro derecho, como el de vida privada, protegido absolutamente por la convención, que entra en conflicto con el de la vida, este segundo no puede prevalecer aunque el país quiera. La lectura es simple: obligamos a un mínimo de protección, pero el estado no puede incrementar dicha protección en detrimento de otros derechos especificados en la convención (§258). Esto limita indirectamente los principios del país. Esto implica que queda abierta la posibilidad de más acusaciones que permitan el aborto y otras violaciones la vida previa al nacimiento. En otras palabras, el país se acaba de dar cuenta que firmamos algo que indirectamente nos obliga a aceptar las violaciones a la vida que se dan en los otros países firmantes aunque no queramos.

Así de simple.