¿Es el feto una persona?

Esta es una pregunta que salta a cada rato en la discusión sobre el aborto. Esto por cuanto el pero más grave que se puede decir sobre aborto es que termina con la vida de alguien. Los que promueven el aborto tratan de imponer la idea de que no se termina con la vida de nada, o que ese alguien no es una persona como todas las demás. Este pequeño artículo explica algunos conceptos y términos y aclara la pregunta de su título.

Comencemos por la definición de “persona”. La Real Academia Española (RAE) nos da varias connotaciones, de las cuales resalto dos: la 1. “f. Individuo de la especie humana.”  Y la 6. “f. Der. Sujeto de derecho.” Como vemos, una persona es alguien de la especie humana y particularmente es un sujeto de derecho. Para determinar si un feto es una persona, deberíamos entonces determinar si es de la especie humana y si es sujeto de derecho.
Lo primero es universal. Es decir, no importa la nacionalidad del feto, la ciencia nos dice si es humano o no. Para saberlo, primero debemos determinar la especie. Para saber qué es una especie, nos vamos de nuevo a RAE y nos dice: 7. “f. Bot. y Zool. Cada uno de los grupos en que se dividen los géneros y que se componen de individuos que, además de los caracteres genéricos, tienen en común otros caracteres por los cuales se asemejan entre sí y se distinguen de los de las demás especies. La especie se subdivide a veces en variedades o razas.” Pero ¿Cómo se determinan esos caracteres? Según Dobzhansky (Genetics and the origin of species. Columbia University Press, New York) y Mayr (Systematics and the origin of species. Columbia Univ. Press, New York.) tenemos las “especies biológicas” que son aquellas pertenecientes a una población de individuos que pueden cruzarse entre sí, pero que están aislados reproductivamente de otros grupos afines. Corolariamente, si dos individuos de una especie se cruzan, el individuo resultante pertenece a dicha especie. Por tanto, si dos seres humanos se cruzan entre sí, el individuo resultante debe ser de dicha especie.

Vamos más allá. Se denomina “genoma” de una especie al conjunto de información genética de la misma, usualmente codificada en el ADN. Entonces, para poder determinar de qué especie es una célula, basta con hacer un análisis de ADN y determinar su información genética. Juntado esto con lo anterior, si a un cigoto, embrión o feto desarrollados a partir de un cruce de dos seres humanos se les hace una prueba de este tipo, saldrá que el individuo es un ser humano.

Entonces estamos claros que el feto ES un ser humano. Pero, ¿es persona? Como vimos, en derecho “persona” es un individuo sujeto de derecho. Eso ya no lo determina la ciencia sino las leyes. En el pasado hubo tiempos en los que a las mujeres, los negros y los judíos se les negaban los derechos por no ser considerados personas. Eso lo cambió el advenimiento de leyes que les otorgaban derechos e igualdad. ¿Cómo está el feto en términos de ser sujeto de derecho? En Costa Rica tenemos la constitución política, que dice en su artículo 21: “La vida humana es inviolable.” Como hemos visto, el embrión es un ser humano, por tanto está cobijado por la constitución al igual que el feto (que no es sino un estado de desarrollo del ser humano). En la Convención Interamericana de Derechos Humanos (CIDH-Pacto de San José), convenio internacional firmado por Costa Rica y muchas otras naciones de américa, dice en su artículo 1, inciso 2: “Para los efectos de esta Convención, persona es todo ser humano.” Esto nos dice que todo ser humano es una persona según la CIDH, tratado internacional, y como el embrión y el feto son seres humanos, son tomadas como personas.

Ahora, incluso si el feto no fuera declarado una persona, existe también legislación para otros seres vivos que les otorga derechos, como algunas que evitan el maltrato animal, por ejemplo. Por tanto, el feto podría también tener derechos, aunque no sea una persona.

¿Usted qué haría?

Una noche estaba viendo televisión, cuando unos gritos desesperados me asustaron. Me asomé a la ventana, que da a la ventana del cuarto de los niños del vecino, y vi algo horroroso. El vecino estaba dentro del cuarto junto a la cuna del bebito, otros tres niños (los menorcitos de esa familia, el mayor andaba trabajando) también estaban en el cuarto, gritando de miedo. El hombre tomó el bebé y le arrancó violentamente el chupón que estaba tomándose, lo sacudió violentamente y luego lo arrojó por la ventana, hacia el basurero que estaba afuera. Ahí, unos perros hambrientos se le tiraron encima para comérselo. Impactado, no sabía si estaba imaginando cosas, hasta que el hombre tomó a otro niño, el pequeñito que le seguía al bebé, del brazo. Con la otra mano, tomó un martillo. El niño le gritaba implorándole que no le pegara, que por favor no, pero eso irritó más al hombre que descargó un golpe con el martillo, impactando el pecho del niño. Sus costillas se quebraron, al punto que un hueso se le salió de un costado. El niño gritaba horriblemente, lo que enojó aún más al hombre, que se sacó del cinto un machete descomunal, y de un tajo le cortó un bracito al pequeño. Con una frialdad espantosa, tomó el brazo y lo arrojó por la ventana, al mismo basurero de los perros, que seguían en su frenesí. Acto seguido, asestó más golpes, amputándole las dos piernas y el otro brazo, que también arrojó por la ventana. El niño apenas gemía, así que el hombre tomó de nuevo el martillo y le lanzó brutalmente múltiple martillazos en la cabecita, hasta reventársela, el cerebro impregnado en la pared. Tomó el cuerpecito con una mano, el cerebro despedazado con la otra, y los arrojó por la ventana. Los otros dos chiquitos estaban desesperados tratando de abrir la puerta, pero parecía estar con llave. El hombre los volvió a ver y lentamente empuñó de nuevo el martillo.
Ahí, reaccioné, salí corriendo de la casa y me fui hacia la puerta del vecino. Ahí estaba la madre de los niños, llorando, con la mirada perdida, bloqueando la entrada. Le grité que sus hijos estaban siendo asesinados por su marido, pero ella no levantó los ojos. Entre sollozos me dijo que el padre estaba “educándolos” para que se portaran bien y que ella no podía hacer nada. Yo no lo podía creer. Acaté entonces a llamar a la policía, y cuando me contestaron casi que gritado les dije que estaban asesinando a unos niños. La señora que me atendió me dijo, en el tono más frio que me hubiera podido imaginar, que me calmara. Me preguntó si la madre estaba ahí, y yo le dije que sí. Entonces me preguntó que qué decía la madre, y yo le dije, riendo de la desesperación, que ella decía que el padre estaba “educando” a los niños. Fue entonces que me espanté: la señora de la policía me dijo que entonces no podían hacer mucho, que tenía que esperar a que todo terminara para que un juez decidiera si el hombre educó a los niños con demasiada violencia o no, que la policía no podía intervenir. Yo le grité que para entonces los niños estarían muertos, pero la señora policía me dijo que así era la vida con las leyes.
Comprendí entonces que el asunto estaba en mis manos, así que decidí buscar apoyo. Me fui donde otro vecino y toqué la puerta. El vecino Luis salió y me preguntó qué quería y yo le conté que el vecino Juan estaba matando a sus hijos. Luis se asustó y me preguntó si estaba matando al mayorcito, yo le dije que no, que era a los chiquitillos. Entonces Luis suspiró aliviado y me dijo que se había asustado, que qué dicha que no era el mayorcito. Yo sin entender le pregunté a qué se refería y me dijo que los chiquitillos no importaban, que el mayor era el que trabajaba y apoyaba a la familia, pero los chiquitillos eran simplemente bocas que alimentar, y que como esa familia era pobre, perder a esos niños pequeños no los afectaba. Que si hubiera sido el grande sí sería un pecado, pero los pequeños no. Yo no podía creer lo que oía, exploté y le grité que cómo se le ocurría decir semejante estupidez, que eran niños los que estaban siendo asesinados, pero él más bien se sonrió, me dijo que yo no tenía sentido práctico, que pensara que esa familia era pobre y tenía demasiados hijos, que más bien era positivo que tuvieran menos bocas que alimentar. Me reiteró que el importante era el mayor que aportaba y que los demás eran más bien parásitos sin importancia. Además me dijo que los niños de todas maneras estaban sufriendo, que muertos dejaban de sufrir, así que todos ganaban. Luego me cerró la puerta.
Aún sin creerlo, reaccioné y deposité mis esperanzas en la vecina de la puerta siguiente. Doña María abrió una ventana y me preguntó que qué quería. Igual, le dije lo que pasaba y más bien me regañó. “¡Uy, no, muchacho! No sea metiche” me dijo. En tono de regaño me explicó que lo que haga la gente dentro de su casa es cosa de ellos, y que la manera de educar que tenga cada familia es de incumbencia sólo a esa familia, no de las demás. Igual le insistí que estaban matando niños, pero ella me miró seria y me preguntó que si eran hijos míos. Le dije que no, a lo que me contestó que entonces no debía afectarme, que me preocupara por mis hijos y no por los de los demás, que si a mí no me gustaba educar con violencia a mis hijos, que no lo hiciera y siguiera en paz, sin entrometerme con el derecho de los demás de educar a sus hijos como quieran. Entonces sonrió condescendiente y me aconsejó que me fuera a la casa a estarme tranquilo y dejara de estarme preocupando por cosas que no me debieran importar. Y cerró la ventana.
¿Qué haría usted, querido lector, en mi lugar? Posiblemente piense que, la verdad, los vecinos tienen razón. Debería irme a mi casa, cerrar mi ventana, poner el volumen del tele más alto para no oír los gritos, y dejar de preocuparme por hijos que no son los míos. Es más, la verdad es que mañana, con menos hijos que alimentar, la familia esa pueda salir adelante, sin tanto estrés, y sean más felices. Incluso el dinero que se ahorran puede servir para comprar las medicinas que ocupa la madre, que está enferma. Y tal vez, con menos bocas que alimentar, ya el mayorcito no tenga que trabajar y pueda al fin estudiar y hacerse de un futuro. ¿Cierto? Claro que sí, mejor no hacer nada, de por sí si me meto me pueden dar un martillazo y un machetazo. ¿Verdad?
Puede déjeme contarle, querido lector, que yo no. Yo me quedaré en esa calle vacía, llena de indiferencia de los vecinos, gritando y pidiendo ayuda. Llamaré a todas las puertas y seguiré diciendo que eso no es educar sino asesinar niños, que el derecho a la privacidad no está por encima del derecho a vivir que esos chiquitillos indefensos tienen. Estaré ahí porque sé que hay gente que piensa como yo y está luchando por salvar a esos niños.
Por si aún no se ha dado cuenta, querido lector, la historia de arriba describe un aborto. El tirar el bebé a la basura representa un aborto de primer semestre, con el niño aún pequeño que puede ser sacado entero con un succionador y es arrojado a la basura, vivo.  El segundo niño representa un aborto de segundo trimestre, donde el bebé es tan grande que hay que sacarlo a pedazos, y se usan fórceps y cuchillas para desmembrar al bebé, para finalmente aplastarle la cabeza y así extraerlo por partes. Y cuando he dicho que eso es un asesinato de brutalidad y barbarie inimaginable, me he encontrado vecinos que me dicen lo mismo que don Luis y doña María. Tal vez si don Luis y doña María hubiesen visto lo que vi desde mi ventana, pensarían diferente.
Ahora, luego de conocer la historia, imagino, querido lector, que usted tomará posiciones como la de los vecinos, o incluso se irá a su casa y tratará de ignorar todo. O puede ser que quiera hacer algo para evitar las brutalidades aquí descritas. Yo haré lo segundo.

El Nazi y el Bebé.

Hace varios años leí una historia, creo que real, de la cual no recuerdo todos los detalles, pero puedo reconstruir más o menos. Contaba que estaba una joven madre judía con su bebé, que lloraba por alguna razón (¿calor?). En ese momento un militar nazi le gritó que callara al bebé. Ella, desesperada, no pudo hacer que el niño dejara de llorar, por lo que el nazi se lo arrebató de los brazos y tomándolo de las piernitas lo azotó contra un poste. Con los huesitos rotos, pero aún vivo, el bebé lloró una agonía horrorosa, y el nazi volvió a golpearlo contra el poste una vez más, y otra, y otra. Lo hizo calculando golpear su cabecita, la cual reventó. Acto seguido, devolvió el bebé muerto a su madre horrorizada diciéndole que así se callaba a un bebé, y se alejó con sonoras carcajadas.
No sé, amigo lector, si a usted le pasa lo mismo que a mí me pasó la primera vez que leí eso. No sé si a usted también le hierve la sangre y deseara tener a ese maldito nazi al frente para golpearlo y despedazarle la cara y su sonrisa con tantos golpes, hasta dejarle el cráneo destrozado también. Pero aquella vez también me puse a pensar qué hubiera hecho yo de estar ahí presente. ¿Habría intentado ayudar al bebé? Si uno lo piensa bien, eso muy probablemente sería una muerte segura a manos de los nazis, y el bebé probablemente no se salvaría tampoco. ¿Podría mi miedo a la muerte ser superior a mi ira instintiva? ¿Pensaría yo dos veces antes de actuar o actuaría sin pensar? Piénselo usted, por favor.
Esto lo cuento porque me encontré otra vez la famosa frase: “Si a usted no le gusta el aborto, no lo haga, pero no se entrometa en la vida de los demás”. Les contaré qué significa para mí eso:
Veo una fila de mujeres, cabizbajas y tristes, yendo hacia unas instalaciones que parecen un campo de exterminio. En la puerta hay un nazi, pero no es amenazador, sino simpático, que las saluda y las alienta. Me le acerco y le pregunto quiénes son todas esas mujeres.
— Son mujeres desesperadas, amigo, —me dice con una sonrisa— están enfermas, no tienen dinero, han sido violadas o son muy jóvenes y no tienen su futuro resuelto. El problema es que están embarazadas.
— No —le replico— el problema no es el embarazo, el problema es su situación grave que se ve aún más grave con el embarazo. ¡Ellas necesitan ayuda!
— ¡Claro! Aquí les ayudamos. Por un módico precio de $500 les eliminamos el problema. Nos deshacemos del bebé y ellas quedan libres para resolver sus asuntos sin esa carga.
— ¡Eso no es ayudar! Ayudar es apoyarlas con capacitación y fuentes de trabajo para salir de pobres, darles apoyo médico con un seguro solidario, darles soporte sicológico y cariño para que sobrelleven el traume de la violación o darles becas y ayuda para que puedan terminar sus estudios. Y nada de eso conlleva el asesinato del bebé.
— Disculpe, pero aquí no asesinamos bebés, nos deshacemos del producto del embarazo, no diga esas cosas porque las confunde. Ellas ya saben lo que necesitan, nuestros consejeros expertos les han ya dado apoyo y ellas solas han llegado a la decisión de eliminar el producto.
— Eso me suena a un engaño. Ellas no saben que la verdadera solución es otra que no implica matar al bebé. ¿Por qué no las ayudan de verdad?
— Mire, se lo diré simplemente: darles todo eso que usted dijo es muy caro y no es negocio porque al final termina uno manteniendo a la madre y al hijo. Con nuestra solución, más bien tenemos ganancia, y el gobierno se libra de la reproducción de toda esta gente indeseable. ¿Ya vió quienes son la mayoría de las que están en la fila? Etnias pobres que socaban el sistema social, ignorantes y parias mantenidos por el gobierno. Nuestra solución es ganar ganar.
— ¡Eso es abominable! ¡Yo les diré la verdad, que ellas sepan que todo es un engaño, que las llevan al exterminio!
— Vea, si a usted no le gusta nuestra solución, no venga a nuestras instalaciones y punto. Pero no se meta en la vida privada de nuestras protegidas.
¿Se lee diferente la frase, cierto? No se usted, estimado lector, pero yo no pienso quedarme viendo como revientan bebés contra los postes, máxime cuando puedo hacer algo para detener ese exterminio. No es cuestión de que no le guste a uno, es cuestión de si se queda callado al frente de un asesinato. Sabiendo lo que sé, yo no me quedaré callado. Punto.

Aborto: Discusiones Posiblemente Superadas

Dentro de toda discusión sobre el aborto, los que están a favor del mismo (los conocemos como “pro-choice” o “pro derecho a decidir”) enuncian repetidamente una serie de conocidas posiciones y afirmaciones que han sido estudiadas y tratadas ya tantas veces como foros sobre el tema han existido. La mayoría han sido ya aclaradas, rebatidas, y son afirmaciones que usualmente no van a aportar nada nuevo a una discusión a menos que sea para aclarar o explicarlas a personas que no conocen del tema. Paso a dar una lista de estas posiciones y por qué las considero ya superadas.

Sobre el ser humano

Desde hace mucho tiempo se ha venido discutiendo la definición misma del ser humano. Los pro-choice han intentado asentar la idea de que el ser humano llega a tal estado en un momento dado, antes del cual no tiene rango de persona, y por tanto no tiene derechos ni vida, puede ser desechado como una cosa sin ningún problema moral. El problema es la definición de “ese” momento. Usualmente, tal momento se ha propuesto utilizando criterios pseudo-científicos, basadas en datos biológicos y estadísticos pero que es claro que no pueden aplicarse tan antojadizamente. Veamos.

La biología explica que los gametos son células haploides. Esos no son humanos, son células sexuales. Cuando estas entran en contacto, sus núcleos se fusionan y se crea un organismo unicelular, no una célula. Este organismo al poco tiempo duplica su célula interna y se convierte en un organismo pluricelular. No hay duda científica de que estamos ante un organismo vivo y totalmente aparte de la madre. Por tanto:

  • Inicio de la vida. Del Cigoto para arriba, es un organismo vivo, no se puede decir que es un grupo de células como las de una uña. Esta es una de las expresiones pro-choice, muy recurrente y totalmente equivocada. La ciencia ha determinado el inicio de la vida al momento de la fecundación. Ver “When Does Human Life Begin? A Scientfic Perspective” de Maureen L. Condic, Associate Professor of Neurobiology and Anatomy at the University of Utah School of Medicine.   Maureen analiza el concepto de inicio de la vida, no solo la humana, y el criterio que la ciencia usa para identificar a “un ser vivo”. Con esto concluye que la vida, un ser vivo, inicia en la fecundación.
  • El Cigoto es un organismo humano. Dado el hecho de que hay un ser vivo, se intenta inculcar la duda sobre si esa vida es realmente humana. Se afirma que es un grupo de células que, por ser originarias, madre, puede llegar a ser cualquier cosa. Claro, esa afirmación no tiene sustento científico. No es posible que el cigoto crezca para ser algún otro animal, mucho menos una planta. La biología y genética nos dicen que el desarrollo es de un humano. Ahora, la declaratoria propia de humanidad al ser vivo puede que sea un tanto filosófica, tanto como decir que uno se hace ciudadano al alcanzar la mayoría de edad: ¿desde qué momento se puede decir que ese ser vivo es un Ser Humano? Clinton Wilcox hace un resumen interesante sobre el tema donde, desde un punto de vista filosófico y usando lógica común, nos damos cuenta que la indefinición de la humanidad del embrión no tiene sentido, que elementos como la percepción, similaridad, falta de desarrollo o las capacidades no pueden definir quién es humano y quien no.
  • Declaratoria de persona. El cigoto es un humano por naturaleza, comprobado científicamente, y también su definición de humano, comprobado con filosofía y lógica; pero su designación como “persona de derecho” no le corresponde a la biología, porque eso es un estado jurídico. Es decir, intentar que la biología nos diga cuándo podemos considerar a este ser humano una persona con derechos no tiene sentido. En este punto, se ha intentado decir que en cierto momento del desarrollo del humano se da un cambio que lo convierte en persona (en realidad, originalmente se intentó esta técnica para definir el inicio de la vida, pero eso ya lo definió la biología hace tiempo). Se ha propuesto que sea el momento en el que el feto llega a tener cerebro, o cuando tiene desarrollado su sistema nervioso, o cuando ya tenga corazón.  Todas esas propuestas no tienen fundamento, aunque las proponga un científico como Carl Sagan ( Billions and Billions, Cap. 13 ), debido a que son propuestas que usan puntos detectables científicamente, pero siguen siendo antojadizas. A pesar de eso, es “válido” jurídicamente (lo moral es otra discusión) decir que una persona no tiene el derecho a la vida o que lo tiene pero no es absoluto (que en ciertos casos lo pierde o no se le otorga). Ya ese portillo lo usó la CIDH contra Costa Rica en su sentencia del FIV, al igual que muchas cortes en el mundo donde le restan derecho a la vida a ciertas personas y los condenan a la pena de muerte. Lo mismo aplica en el aborto en las fases terminales del embarazo (a pesar de ser un ser humano que incluso puede vivir fuera del útero, las leyes indican que no se considera objeto de derecho hasta que no nazca –  esto se conoce como el “Born Alive Rule” ). El punto es que es algo que moralmente es incorrecto, pero jurídicamente es posible. Bajo estas reglas es que se permite el aborto en muchos lugares. Lo importante aquí es dejar claro que lo que se discute es la eliminación del derecho a la vida a un ser humano.
  • Las 12 semanas. Uno de los alegatos más comunes es el que dice que la comunidad científica ha definido que antes de las 12 semanas no se tiene a un ser humano. Eso, por todo lo que hemos visto, es totalmente falso. Las famosas 12 semanas representan el primer trimestre el embarazo, escogido como punto de estudio simplemente porque el embarazo en humanos tiene 9 meses y se ha partidos en tres por comodidad. No tiene nada de especial, no ocurre nada en la semana 12 que marque algún hito de un antes y un después. La mayoría de los países aceptan el aborto antes de las 12 semanas porque sus legisladores no entienden nada de esto. Muchos médicos sugieren el aborto antes de las 12 semanas pensando en la mujer, dado que abortos tempranos causan menos daños a ellas y aunque haya riesgos y daños, estos son menores.

Sobre las estadísticas del aborto.

Hay tres tipos de estadísticas utilizadas para impulsar el aborto. La primera se refiere a mujeres jóvenes que están en embarazo. La segunda da cuenta de la cantidad de abortos que se realizan. La última habla de la cantidad de muertes causadas por embarazo.

1. La cantidad de jóvenes embarazadas denota abuso, poca educación, protección al abusador. En este caso no hay ningún indicador que nos sugiera que el aborto vaya a mejorar esta relación. Por el contrario, el acceso al aborto y a la anticoncepción de emergencia ayuda al ciclo de violencia. Nuevas regulaciones se están buscando para que las menores puedan solicitar aborto sin conocimiento de sus padres. Esto permitirá a los abusadores manipular a las jóvenes, abusarlas y desechar “la prueba” sin que los padres sepan. Lo dice el artículo “Aborto en casos de violación: Perpetuando un ciclo de violencia”  directamente: “el aborto inducido por coerción es cada vez más frecuente, y se encuentra entrelazado en una compleja cadena de eventos asociados a diversas formas de violencia contra la mujer que impactan seriamente su salud mental posterior”. Algunas legislaciones permisivas para con el aborto, como la española, han comenzado a echarse para atrás justamente por este efecto negativo.

2. La cantidad de abortos tampoco nos dice mucho. Un buen estudio nos debe indicar las razones por las que se aborta, qué poblaciones lo están haciendo, edades, etnia, nivel de estudio, algo que de alguna luz sobre el proceso que empuja a una mujer a buscar aborto. Asumir que es una decisión común no coaccionada, que simplemente es porque quieren abortar, es negligente y absurdo. En Julio del 2013, el BMC Women’s Health  publicó un estudio que trataba de identificar las razones por las que las mujeres buscan abortar. Las respuestas eran complejas pero se identifica que hay coerción de pareja y familiares, más la situación socioeconómica. Un porcentaje indica que  ya tenían suficientes niños o no era el momento adecuado. En otro estudio publicado en el 2005 por Guttmacher  (instituto por cierto que apoya el aborto)  se indica: “La decisión de tener un aborto es típicamente motivada por múltiples, diversas e interrelacionadas razones. Los temas de responsabilidad hacia otros y la limitación de los recursos, tales como restricciones financieras y la falta de soporte de la pareja, fueron recurrentes en todo el estudio”. Si se analizan todas estas razones, nos damos cuenta que no hay ninguna que no se pueda solucionar dando al niño en adopción.  Es más, programas de apoyo a estas mujeres han logrado bajar la tasa de abortos. Este artículo en Milenio explica que muchas son coercionadas por gente cercana, pero que dándoles apoyo deciden seguir con el embarazo y dar en adopción, reduciendo efectivamente la tasa de abortos.

Hablando de Guttmacher, se ha criticado su metodología estadística. En el artículo “Sobrestimación del aborto inducido en Colombia y otros países latinoamericanos” en mayo del 2012, , diferentes académicos chilenos (instituto MELISA) analizaron los estimados del instituto Guttmache en 8 países latinoamericanos y encontraron que la “metodología del Instituto Guttmacher sobrestima en más de nueve veces las complicaciones hospitalarias por aborto inducido y en más de 18 veces el número total de abortos.” Coincidencialmente, dicha metodología es la que sigue la Asociación Demográfica Costarricense en su informe “ESTIMACIÓN DEL ABORTO INDUCIDO EN COSTA RICA, 2007”, publicado en Junio del 2008, que dice en su resumen ejecutivo (y lo explica en detalle en el capítulo 2 Metodología) lo siguiente: “La estimación del número de abortos que ocurren anualmente se calculó mediante una metodología validada y empleada en varias ocasiones por el Allan Guttmacher Institute, que recoge las opiniones y percepciones de expertos en el tema y las combina con la información y los registros médicos de los centros de salud”.  Se recuerda que dicho informe levantó mucha discusión sobre el aborto en el país y los grupos que lo apoyan han venido clamando por eliminar la prohibición del mismo basados en esos números alarmantes. Nos dicen los académicos chilenos: “En otros países de Latinoamérica, como Argentina, Brasil, Chile, México, Perú, Guatemala y República Dominicana, la metodología del Instituto Guttmacher también sobrestimó largamente la cifra de abortos. Estos resultados llaman a la cautela con este tipo de informes que alarman a la opinión pública”. El instituto ha negado dichas fallas, pero otro estudio ha revalidado el problema metodológico en una estimación para México

3. La muerte “por embarazo” es mencionada en muchos reportes periodísticos, en números muy alarmantes, y eso es cosa más seria. Un análisis más cercano a los estudios nos indica muchas cosas. Los resultados en algunos países se deben al poco acceso que tienen las mujeres a instancias de salud. Su embarazo no es cuidado ni se les da soporte y por tanto mueren por complicaciones tan simples de resolver que es una verdadera injusticia. La misma OMS lo explica en su estudio: en una tercera parte la muerte es a la hora del parto o después a causa de hemorragias por un parto mal atendido. La segunda causa son los desórdenes hipertensivos, que se pueden controlar de manera sencilla con sulfato de magnesio.  Luego está el otro grueso, que son las que mueren por aborto clandestino. En ambos casos, la culpa no es del embarazo, sino de un inexistente cuidado sanitario. La solución no es entonces dar aborto sino cuidados a la embarazada, no solo médicos sino de apoyo, psicológicos, sociales. Otros estudios como el de Reviews in Obstretics and Gynecology  mencionan los problemas de retraso en el acceso a salud durante el embarazo, y parte por el uso de abortos inseguros. Es más, en el estudio de los doctores chilenos de MELISA indican en su segundo reporte sobre México que “Actualmente, aproximadamente el 98% de las muertes maternas en México están relacionadas a causas diferentes al aborto inducido, tales como hemorragias, hipertensión y eclampsia, causas indirectas y otras condiciones patológicas”. Con estos números, es claro que el problema no es el aborto inseguro.

Sin embargo, la sugerencia de llevar a cabo abortos “seguros” (una lógica directa que no conlleva mucho análisis de la complejidad de la problemática) ha sido llevada a cabo en muchos lugares con resultados nefastos. Estudios recopilados en el wiki de Abortion Risks, muestran la mortalidad real causada por el aborto en general, el inseguro y el seguro. En “’Deaths associated with abortion compared to childbirth: a review of new and old data and the medical and legal implications. Reardon DC, Strahan TW, Thorp JM, Shuping MW. The Journal of Contemporary Health Law & Policy 2004; 20(2):279-327.”  se hace una revisión uno a uno ligando bases de datos de abortos, nacimiento y mortalidad, para concluir que muertes asociadas al embarazo son de 2 a 4 veces más frecuentes en mujeres que abortaron que entre las que llegaron a término en el embarazo. Justamente, la famosa sentencia Roe vs Wade que dejó libre el acceso al aborto en los Estados Unidos se basa en la premisa que había más mortalidad por aborto era menor que las que llevaban a término, y es refutada aquí.

¿Por qué alguien que aborta tiene más probabilidades de morir que alguien que completa su embarazo, aun cuando sea un aborto seguro? Hay que diferenciar las muertes en maternidad por causas de mala salud y protección, de las muertes ligadas a la maternidad en el momento o después de dar a luz. Complicaciones siguientes al hecho, efecto a largo plazo, son detonantes de afecciones que terminan con la vida de las mujeres. En “’Deaths associated with pregnancy outcome: a record linkage study of low income women. Reardon DC, Ney PG , Scheuren FJ, Cougle JR, Coleman, PK, Strahan T. Southern Medical Journal, August 2002, 95(8):834-841.’” , se hace un estudio de mujeres Norteamericanas de bajo ingreso, ligando los nacimientos y abortos a certificados de defunción (tratando de repetir otro estudio similar realizado en Finlandia). Se ha encontrado que las tasas de mortalidad asociadas con abortos persisten, explicadas por conductas auto-destructivas, depresión y otras enfermedades agravadas por el aborto. Es más, este otro artículo  lista todos los problemas sicológicos contraídos luego del aborto, totalmente documentados, que incluyen desde depresión hasta suicidio.

Entonces, ¿hay que asustarse por las estadísticas? Sí, pero enfocándonos en los problemas de la salud de la mujer.  Es más, el caso de Chile es digno de mencionar. Su tasa de mortalidad materna ha bajado drásticamente en los últimos 50 años, en casi un 93%, “a pesar” de sus leyes contra el aborto. Estudios muestran que mejoras en la educación y las facilidades de salud causan tal mejora, y que las leyes anti aborto no producen efecto negativo que se pregona. Es más, en el reporte del WEF, The Global Gender Gap del 2009  se puede notar que son los países que tienen leyes restrictivas sobre el aborto, los que tienen una menor tasa de mortalidad, en comparación con los que son abiertos al aborto que tienen tasas más altas de mortalidad femenina ligadas al embarazo.

Yendo aun más allá, la misma maternidad prueba ser beneficiosa. Se han realizado estudios para determinar si las células madre presentes durante el embarazo (las del bebé) pueden pasar al cuerpo de la madre y ayudarla. Se han encontrado evidencias de recuperación de ataques al corazón causados por tal intercambio.  Este es otro artículo relacionado a este descubrimiento.
Una lista de investigaciones relacionadas al efecto adverso del aborto en la salud de las mujeres puede encontrarse aquí.

Sobre el derecho a decidir.

A pesar de quedar demostrado que el aborto no es tan positivo como se piensa, siempre hay centros y movimientos que lo impulsan como una salvación para las mujeres. El enfoque se da en la mujer, a quien se le pregona que tiene derecho a decidir sobre su cuerpo. El problema es que sabemos que hay otra persona involucrada, el bebé. ¿Cómo suavizar el hecho de que estamos hablando de eliminar los derechos del no nacido? Lo primero que intentan los pro-choice es invisibilizar al niño en este problema. Es claro, lo hemos visto arriba, que una parte del problema es que el aborto implica la muerte del menor.  Pero en otros lugares eso ya es una etapa superada. Los abortistas hablan claro y aceptan en su vocabulario y mensaje la palabra muerte, aunque a vece usen analogías o eufemismos de muy poco tacto.  Aceptado esto, la estrategia de aceptación cambia. Mucha gente buena parece comprar la idea progresista de bienestar a la mujer, solo queda eliminar la injerencia de los pro-vida al excluirlos de la discusión. Para eso, se intenta desautorizar a los pro-vida, se nos acusa de imposición de nuestra visión en contra del derecho de la madre a decidir sobre la vida de su hijo. En ciertos casos aún se menciona la decisión sobre el cuerpo de la mujer, como contrapeso de derecho. Es decir, no hablamos del cuerpo de la mujer sino de contraponer dos derechos: el de la mujer de usar su cuerpo o no para llevar un embarazo, y  el derecho del niño de vivir.

Planned Parenthood, la institución global que maneja el aborto, se posiciona como una institución sin fines de lucro que quiere ayudar a las mujeres. Sin embargo, historias como las de Addison, una joven que tenía 17 y que quería consejo y ayuda médica y que acudió a PP y le dieron la opción de aborto, pero al no aceptarla le negaron más ayuda, nos da una idea clara de que el derecho a decidir es un derecho de una sola opción.

Al presentar a los pro-vida como privadores del derecho a decidir por el aborto, se intenta ignorar el hecho de que la opción por la que opta la mujer es una violación de derecho. La parte jurídica es clara en que no existe un derecho que implique la violación del derecho de alguien más. Por tanto, esa opción a decidir no existe, un pro-vida no la está quitando sino que está haciendo cumplir el orden de cosas. En los lugares donde se ha permitido el aborto se ha hecho una negación del derecho a la vida explícita, legalmente, como con el ejemplo del Born-Alive rule.

El artículo de la revista TIME What choice?, donde se analiza el estado del aborto, que desde la aprobación del mismo en los Estados Unidos hace más de 40 años los pro-choice han ido perdiendo batallas. A pesar de tener, en ciertos estados, el “derecho al aborto”, los abortistas deben utilizar medios para convencer a las madres a realizarse el aborto. Las ideas horribles en torno al aborto se han ido aclarando con el avance de internet y la información que llega cada vez a más a las masas.

En una confesión de una dueña de clínicas abortistas se deja claro cuál era la estrategia para conseguir más abortos: Mala educación que promovía libertad sexual, para luego ofrecer anticonceptivos defectuosos y finalmente proponer el aborto a la adolescente que resultase embarazada. Se llega incluso a la mentira para lograrlo, como lo presenta este reportaje encubierto del programa Testigo Directo, en Colombia.

Sobre el aborto terapéutico

Hay un tipo de aborto que ha ganado un poco de aceptación y es el “aborto terapéutico”. La idea es que se practique el aborto a la mujer que corre peligro debido a su embarazo. En muchas legislaciones, para evitar que se dé el aborto por cualquier situación de salud que no lo amerite, se han dispuesto mecanismos como aprobación médica por comité médico, listas de enfermedades explícitas, etc. Se ha logrado incluso vender el aborto terapéutico como aquel que se debe practicar cuando el feto es “inviable” (es más eutanasia o, para ciertos efectos, eugenesia).

En Costa Rica, dicho aborto se discutido como un derecho, lo cual no es cierto. El doctor Renzo Paccini lo explica en su artículo “El aborto siempre es un drama”  donde explica que en realidad el problema que tiene el médico es que son dos pacientes los que debe tratar, y que el tratamiento debe balancearse. Ahora, también menciona el caso de Perú, donde el aborto terapéutico, como en Costa Rica, no es punible, pero eso no significa que deje de ser un delito, y jamás eso lo convierte en un derecho.
De hecho, algunos movimientos han intentado llevar a la sala IV querellas porque la CCSS no les da “el servicio de aborto terapéutico” y que los doctores se niegan. Hay incluso diputados y candidatos a la presidencia que creen que tal derecho existe (el PAC en pleno y el candidato José María Villalta cuando era diputado, son dos ejemplos) y que está contemplado en el Código Penal.

Ahora, terapia es una palabra que no se aplica al aborto. Como lo dice el mismo Paccini en una entrevista para La Nación el aborto no puede considerarse una terapia, porque no cura. La declaración de Dublín sobre Salud Materna (Septiembre 2012) , declaración hecha por investigadores y médicos experimentados en Ginecología y Obstetricia, nos dice que “…el aborto inducido – la destrucción deliberada del no nacido – no es médicamente necesaria para salvar la vida de una mujer.”

Para un estudio más completo, ver el documento “Aborto “terapéutico” Consideraciones médicas, éticas, jurídicas y del magisterio de la Iglesia católica”  donde se analiza desde la etimología hasta las consideraciones jurídicas y teológicas del tema. Una de las conclusiones más importantes es que no es moralmente malo ni visto como pecado por la Iglesia, el aborto causado indirectamente tratando de salvar la vida de la madre. Es más, se afirma que la madre tiene prioridad porque sin madre no hay bebé, con una lógica muy clara. Es menester leer este documento.

Sobre la descalificación religiosa.

En muchas de las discusiones se ha tratado de descalificar a los que luchan contra el aborto por ser religiosos. La idea que se plantea es que la defensa de la vida proviene de dogmas religiosos que no deben ser impuestos a las personas que no creen lo mismo. Pues bien, es cierto que mucho del material que se publica viene de sitios que están de alguna manera relacionados con las diferentes iglesias, aunque el contenido sea estrictamente académico y científico. Esto por cuanto se ha visto poco la publicación de estos temas en medios seculares. Sin embargo, este artículo da fe de que el contenido que defiende la vida no está basado en creencias esotéricas, sino en estudios reales, clínicos, de científicos y académicos de renombre. También es cierto que muchas de las publicaciones a favor del aborto vienen de instituciones relacionadas con el proveedor de abortos más grande del mundo, Planned Parenthood (en Costa Rica, Demográfica Costarricense está asociado a este grupo).

Pero también existen grupos que no son religiosos y que defienden la vida. Hay varios grupos como la Liga de Ateos y Agnósticos Pro-Vida, los Ateístas Pro-vida, incluso de grupos que usualmente se consideran “peleados” con la Iglesia, como la Alianza de Gays y Lesbianas Pro-Vida.

Sobre el aborto en casos de violación.

Este es otro caso delicado. Muchos de los que promueven el aborto o lo apoyan, tratan de descalificar con la frase “cuando le pase a su hija hablamos”. La idea de que el aborto es una decisión obvia en casos de violación y que la prohibición es una segunda agresión se ha probado equivocada en miles de casos.

La violación muchas veces se da no en sitios oscuros por un extraño, sino que es un abuso por parte de personas de confianza, llegando incluso a haber casos de incesto. Como se mencionó arriba, el aborto puede perpetuar el ciclo de violencia.
Ahora, en cualquier caso, el aborto es la eliminación del derecho del no nacido, en este caso no porque ponga en peligro la vida de la madre sino porque es “producto de la violación”. Es decir, por ser hijo del violador, pierde el derecho a la vida.

A pesar de los estudios mostrados arriba, donde se deja claro que el aborto no es una liberación sino una segunda carga sicológica, aun se pregona que en caso de violación las mujeres tenderán a buscar el alivio de esa manera. Pues en varios estudios como los detallados en este resumen, se aclara que la mayoría de las mujeres no optan por el aborto, y las que lo hacen, casi en su totalidad, son coaccionadas por familiares e incluso los mismos abusadores.

En general, el siguiente artículo responde a muchas de las ideas aquí expuestas y puede ser una lectura complementaria.

Conclusión

Luego de presentar todas las discusiones arriba, nos damos cuenta que muchas de las premisas que se consideran aprobadas a favor del aborto, están siendo categóricamente refutadas por estudios y análisis científicos y académicos alrededor del mundo. En general, el aborto no trae los beneficios que se pregonan sino todo lo contrario; los que se oponen al aborto no son dogmáticos enajenados sino cuerpos de científicos e investigadores que presentan sus rigurosos resultados; los datos alarmantes que se presentan en encuestas y estadísticas puede resolverse con otras estrategias que no incluyen aborto y que han sido exitosas; y por último, para todas las razones esgrimidas para apoyar el aborto existen mejores soluciones, probadas. Esperamos que el lector de este artículo tenga ya más información para cuando se tope con las diferentes y recurrentes discusiones que nos aparecen día con día.

Tácticas de Muerte

 

El objetivo es simple: lograr que el estado dote de permiso, apoyo y financie con la seguridad social, el asesinato de niños.

 

¿Para qué se quiere matar niños? Hay varias razones. Hay un negocio increíble en el proceso de terminación de la vida y el posterior soporte médico. La otra más oscura es llamada Eugénesis, pero de esa se tiene prueba circunstancial.

 

¿Cómo lo hacen?

 

Táctica uno: Invisibilizar al niño.

Es claro que si se le dice a la gente que se va a matar un niño, habrá una reacción adversa. Por eso no lo dicen, lo llaman con otros nombres: interrupción del embarazo, salud reproductiva integral, cosas por el estilo.

 

Al niño tampoco le dice niño, le dicen cigoto, embrión, producto. La táctica es evitar que la gente lo asocie a un humano.

 

Con la llegada de internet, el trasiego de fotos, el ultrasonido y los avances en la neonatología, se ha hecho mucho más clara la realidad de la vida del bebé y la gente ha entrado a dudar sobre la lógica abortista. Es por eso que aun en lugares donde el aborto es legal, el movimiento pro aborto no ha logrado sus objetivos. (http://ideas.time.com/2013/01/03/has-the-fight-for-abortion-rights-been-lost/#)

 

¿Reacción? Cuando se le dice a alguien que apoya al aborto que en realidad está apoyando la muerte de los niños no nacidos, se enojan. Cuando se muestran fotos de los cuerpos despedazados de niños abortados, reaccionan con furia.

 

Se ha tratado de hacer creer a la gente que el embrión no es más que un grupo de células. Se ha llegado al ridículo de insinuar que dichas células puede ser de cualquier cosa, animal o vegetal. Se ha comparado al embrión con los gametos. Todo esto es contrario a la ciencia, a la biología.

 

Al ser desmentidos, se vino otro intento. Decidieron que la vida no comienza desde la concepción sino desde un punto antojadizo en el crecimiento del no nato. Algunos lo pusieron en el momento de la creación del sistema nervioso, otro en el momento de la formación de miembros, otros en el momento de la formación del cerebro. Pero se ha demostrado cada vez que todos estos momentos son pasos en el desarrollo de un humano y que científicamente no puede definirse ese momento como el inicio de una vida, esto porque eso implicaría que antes no es humano, cosa que no se puede aceptar dada la evidencia.

 

Cabe decir que este intento es el que ha tenido más éxito para reclutar seguidores. Mucha gente ignorante, bien intencionada pero neófita en estos temas, cree realmente que el bebé no está vivo antes de que le salgan piernas o se le forme el cerebro. Otros creen que en las primeras es solo un grupo de células igual que una uña o un cabello. Pero eso ha de trabajarse con educación y desmintiendo esas ideas con profesionales en la materia.

 

Al no poder esconder el hecho de que el niño está ahí, se ha tratado de ignorarlo, y para eso se usa el sufrimiento de la madre. Se inicia por sustentar la petición del asesinato argumentando el sufrimiento de la madre. Cuando se les dice que están proponiendo matar a un niño, responden violentamente acusando de ignorar a la madre, incluso de ser gestores del sufrimiento de la misma. No aceptan ver al niño en el conflicto, siempre es la madre, su sufrimiento y la acusación contra el próvida de ser insensible. Pero eso tampoco es sostenible. El próvida ha logrado que se entienda que hay un niño en la ecuación y que la propuesta es matarlo. Simplemente no hay que permitir que se desvíe la conversación sobre ese punto esencial, que es el punto central de discusión.

 

Táctica dos. Eliminación de Derechos.

 

Dado que el niño no se puede esconder, la siguiente táctica llega al punto de aceptar su presencia pero con derechos limitados.

 

El pronunciamiento de la CIDH en contra de Costa Rica para el caso de FIV lo deja ver muy claro. En su análisis, los jueces primero utilizaron un diccionario para definir concepción, y luego se fueron al pasado al decir que en aquel entonces, cuando se firmó el acuerdo, la única manera de detectar el embarazo era por pruebas químicas de alteración de hormonas, lo que ocurría luego de la implantación. Con eso dejaron claro que la concepción de la que habla el acuerdo de protección de la vida comienza en la concepción. Pero como aun así se aceptaba que el embrión era vida, decidieron crear jurisprudencia contraria a la razón del convenio, al interpretar que la protección a la vida no era absoluta sino incremental. Esto quiere decir que entre más joven menos se tiene derecho. Por último, concluyeron que el derecho a la vida del embrión es menor al derecho a la vida privada de los adultos. Esta sentencia es nefasta porque niega el derecho a la vida, así de simple.

 

El segundo ataque viene con la propuesta de aborto por violación. En este caso el derecho a la vida del niños es simplemente anulado por el hecho de ser su padre un criminal. No hay explicación más simple. La defensa de este tipo de asesinato es insulsa. Se sigue hablando solo del sufrimiento de la madre y se ignora a propósito que es una tragedia doble. El niño es discriminado, se le niega un derecho a la vida por su origen. Es claro que este es un punto muy importante para el movimiento abortista: abre las puertas para realizar abortos casi que libremente, siempre que se denuncien como violaciones.

 

Táctica tres: la eugénesis.

El último tipo de táctica se hace descarada, siguiendo el mismo esquema de desviar la atención del asesinato hacia una desgracia particular. El objeto es eliminar a los niños de ciertos estratos. Va de esta manera.

Los ataque son muchos, y siempre están orientados a presentar casos extremos en donde se supone que la muerte del niño es la mejor opción. Dentro de estos están los abortos terapéuticos.

 

La terapia se define como el procedimiento para curar. El aborto por tanto no es terapéutico, dado que en ningún caso cura, y dado que el embarazo no es una enfermedad.

 

Los casos más comunes son aquellos en los que la madre tiene algún problema de salud y supuestamente no se puede dar el tratamiento adecuado porque dañaría al bebé. Esto es algo sin sentido y falso, dado que los médicos están llamados a proteger la vida de la madre y la del bebé, pero con preferencia a la madre. La muerte del niño por complicaciones con los medicamentos no se considera aborto, aunque no deje de ser una desgracia.

 

Hay casos extremos en los que el niño tiene pocas o ninguna posibilidad de vivir. Es en estos casos en los que entra la eugénesis. Mientras estén en el vientre son seres vivos, que perderían sus derechos por el hecho de no poder vivir mucho. Aquí hay más tela que cortar en términos éticos, pero no hay que olvidar a la madre y su sufrimiento.

 

Los otros ataques son más descarados. Proponen el asesinato del niño porque, se dice, este traerá la ruina a la madre: deberá dejar los estudios, será señalada por la sociedad. Incluso hay ataques más sin sentido, como proponer matar al niño porque vendrá a sufrir hambre y pobreza. Hay muchos programas que ayudan a las personas con problemas y siempre hay opción de adopción.

 

Como se podrá ver, toda propuesta de muerte puede ser reducida al absurdo. Es importante identificar tales tácticas para desenmascararlas. Las personas que apoyan el aborto con buena fe, creyendo que están haciendo un bien, deben sentarse y reflexionar. Hay muchas maneras, mejores que matar niños, de ayudar.

Aborto Terapéutico: la Víctima Invisible

Leyendo la pasión con la que Ana Istarú considera que las leyes de Costa Rica están en un oscurantismo terrible por no permitir la muerte adelantada de un niño que no tenía posibilidades de vida, para evitar mayor sufrimiento a la madre, admiro su fuerza pero lamento su poco uso de racionalidad. Sí, muy duras palabras para todos los que quieren evitar el sufrimiento de una madre y piensan que la única salida es el aborto mal llamado terapéutico. Espero que este artículo los lleve a entender que las cosas no son tan simples y los problemas no se resuelven tan fácil, al menos en este complejo caso.

Primero, las leyes son las leyes. Hay grupos que pretenden inventar leyes y violaciones a las mismas donde no las hay. No hay en Costa Rica ninguna ley que promueva el aborto terapéutico. El aborto es delito en este país, pero hay un perdón explícito si se realiza para salvar a la madre. Eso es todo. Por eso no tiene sentido ningún reclamo a la CCSS porque ningún doctor puede realizar algo así, estarían cometiendo delito y para evitar ir a la cárcel deberían probar que la madre estaba en peligro inminente. A la sala cuarta le llegan con un recurso que dice que la madre sufre y que por eso debe hacerse el aborto. Pero la realidad es que hay dos seres vivos, uno con nulas posibilidades de vivir y el otro con problemas mentales (eso es, depresión y sufrimiento). La sala debe sopesar entonces, le están pidiendo terminar la vida de un ser que aun no ha nacido para evitar el sufrimiento de otro. ¿Puede la sala contestar de otra manera que no sea la negación? Para la sala cuarta, que el ser no haya nacido, e incluso que no tenga probabilidades de vida, no implica que no tenga derechos, porque la constitución habla de protección desde la concepción, no desde el nacimiento.  Están amarrados de manos, que no haya nacido o que tenga una sentencia de muerte no lo hace menos humano. Ante esta realidad, no hay manera posible de que ese recurso sea aceptado, por se sigue la letra de la ley. Para aceptar eso, hay que cambiar constitución, básicamente.

Segundo, decir que la ley así busca dañar inmisericordemente a las mujeres y achacar el sufrimiento del caso a los encargados de hacerla cumplir, es injusto y absurdo. Es una teoría de odio conspiracionista que intenta tomar razón por la fuerza demonizando a los que defendemos la vida. Somos el demonio, monstruo cuya única razón en la vida es hacer a la mujer sufrir de la manera más cruel. Lo terrible es que mucha gente lo cree así. Pues no es así.

Tercero, y aquí llego al punto del artículo, la visión utilizada para ver el caso desde el punto de vista abortista es miope y aberrante. Para que dicho reclamo funcione, el sufrimiento de la madre debe ser el único. Sólo se está viendo la tragedia de la madre y se ignora deliberadamente la tragedia del bebé. ¡Está vivo! Para sacarlo de la ecuación debo necesariamente reducirlo a algo sin importancia. El razonamiento utilizado por Ana Istarú y por todos los que defienden el aborto en este caso es simple:  No tiene posibilidades de vivir, por tanto es imprescindible, eliminable, es nada, desecho, ni siquiera hay que mencionarlo. ¿Por qué no tiene posibilidades? Dice Ana “el feto se formaría en el vientre con la pared abdominal abierta y expuestas las vísceras: hígado, corazón, intestinos. No tendría piernas.” Falso, el feto no se formaría, estaba formándose, estaba ahí, viviendo, no es algo futuro que podemos evitar si actuamos rápido, es algo real y palpable, existe y está vivo. Imagino que no estamos pensando en eliminar el feto (bebé en formación), simplemente porque no tiene piernas, eso sería un aborto eugenésico (asesinato para eliminar a los imperfectos), así que ese comentario sobre las piernas sale sobrando. Las vísceras expuestas son un problema muy serio: eso no lo mataría, pero sus órganos se infectarían con facilidad y no tendría protección, por lo que lo matarían las condiciones externas. Estaba condenado a vivir muy poco, sólo durante el tiempo en que la madre lo tendría dentro de sí. Eso es una tragedia, la pérdida de una vida tan joven. Pero ¿Es esa condena a muerte suficiente para tratarlo como desecho?

Me preguntan: ¿Por qué no eliminarlo entonces y así detener el sufrimiento de “Aurora”? Tan fácil decirlo. Estamos pidiendo que se mate a un ser humano. ¿Qué no está claro? Es como decir que matemos a los niños enfermos de cáncer ya sin cura para que la familia no sufra. ¿Aberrante, no? ¿Por qué no nos suena igual cuando el niño está dentro de la madre? ¿Cuál es la diferencia? La diferencia es simple: nos han hecho ver al niño en el vientre con el cristal abortista, que no lo considera persona sino un objeto, casi que un tumor que causa daño y al cual podemos eliminar como si no fuera humano. Pues no podemos, el ser dentro de la madre está protegido por la constitución y las leyes. Punto.

No podemos ocultar al niño, ningunearlo, hacerlo invisible. En este caso el niño existe y tiene derechos y una problemática que resolver. El caso es complejo porque no podemos olvidarnos de la madre tampoco. ¿Qué hacer? Difícil decirlo, si pudiéramos eliminar el dolor del mundo con leyes sería todo muy bonito, pero no podemos. Todas esas madres que perdieron a sus hijos con los ataques químicos, a esas que pierden a sus hijos en plena gestación, a esas que los pierden en la guerra cuando se los devuelven en pedazos, a todas ellas que sufren: ¿no querríamos aliviarles el dolor? Pues hay muchas maneras, y ninguna es matando a sus hijos. Al presentarnos una solución como esta, donde se pide eliminar el dolor de una persona matando a otra… ¿Ven el sinsentido?

El peligro de alentar el aborto terapéutico es terrible. Lean por favor el estudio realizado por doctores de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde explican que el peligro de incorporar ese tipo de aborto es que se dispara el aborto inducido alegando cualquier razón, por tanto fue eliminado de la legislación chilena el 15 de setiembre de 1989.

Otros casos:

¿Qué pasa si el bebé ya está muerto? Eso no califica como aborto. Los médicos están habilitados y deben sacar al bebé muerto tan pronto como esa condición se dé por cierta.

¿Qué pasa si la madre está en peligro de muerte? El doctor está obligado a tratar de salvar la vida de ambos, madre y niño. La vida de la madre tiene prioridad por sentido común, porque si ella muere también muere el niño. Si el tratamiento que se da a la madre causa la muerte del niño indirectamente, al menos para la Iglesia, no es considerado aborto si el doctor trató de salvar a ambos. Para la legislación podría indicar mala praxis, pero es defendible si no hay otra salida.

¿Qué pasa si el estado de embarazo causa complicaciones a la salud de la madre? Entiendo que esto es muy raro. Habrá complicaciones como diabetes, por ejemplo, por el efecto de las hormonas, pero eso es controlable. Uno que tenga complicaciones sólo por el embarazo recuerdo sólo un caso en Doctor House, en el que la joven era alérgica a su embarazo. Ahí se procedió a abortar porque el estado lo permitía. En este punto no tengo respuesta porque no soy médico. Si me preguntan, buscaría una manera de mantener el embarazo con supresores de la alergia hasta el punto donde se pueda hacer cesaria y tratar al neonato.

En conclusión, hay maneras, pero la que no podemos aceptar es la de ignorar a la víctima invisibilizada, esa que condenamos a muerte.

 

Conceptos Preocupantes en la Sentencia de la CIDH sobre FIV

Primero que nada quiero aclarar que no soy un experto en el tema de leyes, pero sí un estudioso y defensor de embriones. Aun así, estas notas las escribo tratando de ser lo más imparcial posible.

He leído la sentencia del CIDH y he comprendido, creo yo, las intenciones de la misma. He quedado preocupado por las implicaciones de la resolución y es por eso que escribo estas líneas.

Primero, brevemente, veamos la denuncia contra Costa Rica como país violador de los derechos humanos:  a) un grupo de personas acusa al país de violentar sus derechos de vida privada al prohibir el FIV (§1-3), b) el país se defiende indicando que no es una prohibición absoluta (§155-156) pues se puede practicar el FIV si no destruye embriones, e indica que dicha restricción se da para proteger la vida “desde la concepción” (4.1 convención interamericana de DDHH que Costa Rica  interpreta como “desde la fecundación”) (§167-169).

Lo primero que hay que aclarar es que en esta denuncia se presentan dos derechos en conflicto: vida privada de las personas contra el derecho a vivir. La CIDH, para resolver dicho conflicto, debe: 1. Comprobar que la restricción a la FIV es absoluta y 2. Determinar si es válido el criterio de protección a la vida expuesto como defensa por Costa Rica.

Lo primero lo resuelve fácil: a pesar de que la sentencia de la Sala IV indica claramente que la restricción no es total, el hecho de que no se haya podido mejorar la FIV para reinstalarla en el país implica imposibilidad de eliminar la restricción en la práctica, por ende la restricción es tomada como absoluta (§159).

Para lo segundo, hay que demostrar dos cosas a su vez: (a) Que el término “concepción” está mal interpretado por la Sala IV y que si no lo estuviera, (b) aun así dicha protección no puede ser superior al derecho a la vida privada. Para (a) la CIDH estudia entonces los conceptos históricos al momento de redactarse la convención americana de DDHH (la que firmamos) y la jurisprudencia de los diferentes tratados en el mundo (algunos incluso se declaran incompetentes para resolver la duda). La CIDH acepta en (§179) de la sentencia que el concepto de concepción cambia con el FIV, puesto que antes no se tenía el conocimiento de manipulación del embrión fuera de la madre. Sin embargo, en (§186 ) la CIDH explica que a pesar de que científicamente se comprueba que el desarrollo inicia con la fecundación, se acepta concepción como el momento de la implantación bajo dos criterios: que sin alimento el embrión muere y para eso ocupa la implantación, y que no había forma de detectar la concepción sino con los cambios detectados en la madre luego de la implantación(§187). Esto amarra los derechos del embrión a la madre e indirectamente deja, al embrión sin madre, sin protección alguna al no ser sujeto de derechos.

La demostración de (b) es muy importante para la CIDH. La idea es demostrar que el embrión no es sujeto del derecho a la protección “absoluta”. Es decir, que aún luego de la concepción, el derecho a la vida no es superior a los demás derechos. Es una protección “gradual”( §188 y §258) . La CIDH estudia todas las discusiones previas a la redacción (proceso aceptado según la convención de Viena, §193). Consigue demostrar que hay varios intentos de incluir protección absoluta del ser humano antes del nacimiento. Pero como los tratados internacionales incluyen a países que aceptan el aborto, y a estos no les servía la protección absoluta, la redacción queda abierta con la frase “en general”( §204). Esto da potestad a un país de no respetar la vida cuando sus principios consideren de mayor importancia otros derechos. Un ejemplo de esto es Uruguay, donde hace poco se definió que un feto de menos de 12 semanas tiene derecho a protección, a menos que sea hijo de un violador, en tal caso pierde ese derecho.

¿Afecta esta lectura a los principios de Costa Rica? En teoría, la convención firmada nos obliga a proteger el embrión, aunque no absolutamente, a partir de la definición de concepción aclarada en esta sentencia. Esto es, define un mínimo. Supuestamente podemos protegerlo más, incluso antes de la concepción, porque la convención no dice nada en contra de eso. Es más, la CIDH en ningún momento dice que no estemos protegiendo la vida, simplemente dice que es desproporcionada. Sin embargo, el supuesto no es tan cierto. La conclusión a la que llega la corte es que si hay algún otro derecho, como el de vida privada, protegido absolutamente por la convención, que entra en conflicto con el de la vida, este segundo no puede prevalecer aunque el país quiera. La lectura es simple: obligamos a un mínimo de protección, pero el estado no puede incrementar dicha protección en detrimento de otros derechos especificados en la convención (§258). Esto limita indirectamente los principios del país. Esto implica que queda abierta la posibilidad de más acusaciones que permitan el aborto y otras violaciones la vida previa al nacimiento. En otras palabras, el país se acaba de dar cuenta que firmamos algo que indirectamente nos obliga a aceptar las violaciones a la vida que se dan en los otros países firmantes aunque no queramos.

Así de simple.