De Tributos y Exoneraciones

Don Fernando Rodríguez Garro, Economista, ex-viceministro de Hacienda y consultor en temas fiscales, ha explicado en el programa de Amelia Rueda y en Delfino.cr , un análisis sobre las exoneraciones y tributos, en respuesta a las acusaciones hechas en contra de doña Edna Camacho, actual coordinadora del equipo económico del gobierno. Don Fernando explica de forma sencilla el problema técnico de las exoneraciones, pero su discurso, aceptado en el programa de Amelia como en contra de la exoneración que se discute en el caso de doña Edna, a mi parecer tiene algunos problemas argumentales. No soy economista como él, por tanto mis apreciaciones en este artículo pueden estar muy equivocadas, pero las comparto para refutar varias cosas que él dice y que parecen que necesitan más profundidad y esclarecimiento.

Comencemos por explicar un poco la economía. Si todos guardamos el dinero bajo el colchón, sin gastar, siempre tendremos la misma cantidad pero moriremos de hambre y nuestra riqueza nunca cambiará. Tendríamos una economía totalmente paralizada. Una economía sana se da cuando las personas usan su riqueza para adquirir productos y servicios. Con la venta de los mismos, las compañías que los ofrecen obtienen ingresos, que a su vez se utilizan para pagar por el trabajo de las personas. La parte que no se usa en esos pagos, es ganancia, y se usa para comprar otras cosas. El dinero que se paga a los trabajadores, ellos lo usan para comprar también otras cosas. Así, el asunto es una cadena de compras y ganancias que mantienen el dinero circulando y generando bienestar para todos. Todo llega por un balance de ingreso y egreso que debe mantenerse constante, cualquier disrupción puede causar problemas en el andar de la economía.

Ahora, el tributo. Para que la sociedad esté bien, el gobierno debe llevar a cabo una serie de funciones, dentro de las cuales está mantener la economía libre de trabas y a la vez controlada. Para eso, el estado necesita dinero, y como no tiene generación de ingresos (con excepción de las entidades autónomas), debe tomar ese dinero de las personas (físicas y jurídicas). El problema es que quitarle dinero a los actores de la economía, la afecta. Eso es irremediable. Quitarle a la gente reduce su poder adquisitivo, que redunda en menos bienes adquiridos. Menos cosas vendidas implica menos ganancias, menos dinero para invertir, reducción de costos y calidad, reducción de precios y al final reducción de salarios y desempleo. Aquí tenemos nuestra primera discrepancia con don Fernando. Lo primordial en un tributo no es la simplicidad, porque eso es básicamente un efecto administrativo, sino su impacto en la economía. Cualquier impuesto tiene sus efectos y hay que calcular estos efectos y sus ramificaciones. Podemos ver más ejemplos más adelante. Lo principal ahora es entender que cualquier impuesto implica una afectación económica que debe ser balanceada. Aquí entramos en otra discrepancia.

Revisemos esta frase: “Estos impuestos los usan para pagar esas pensiones millonarias, de lujo, que son inmorales”. Para los que no lo noten, esa frase lo que está es demonizando el tributo, y lo hace al ligar el pago de este con una “injusticia” que es el pago de pensiones de lujo. De forma similar, don Fernando intenta demonizar la exoneración ligándola a evitar darle becas a los estudiantes pobres. Así no son las cosas. Una exoneración es cuando hay un regla que aplica a todos, menos a unos cuantos, que se exoneran de seguirla. Así, una exoneración es, por ejemplo, cuando todos pagan impuesto al combustible menos los pescadores. La exoneración también es un instrumento utilizado por la administración para hacer leyes por excepción. Por ejemplo, la renta es un cobro que se hace sobre las ganancias. Como hay muchísimos tipos de ganancias, en lugar de hacer una ley que indique uno por uno los que son gravados, se hace una ley que dice que todos los son, menos estas excepciones. Por otro lado, un impuesto no es para bien social, es para pagar las obligaciones que tiene el estado y hacerlo funcionar, y que todas estas acciones mantengan el bienestar de la sociedad. Por eso, el análisis de don Fernando solo se puede dar en casos muy especiales de impuestos específicos, donde la no obtención del tributo pueda ligarse a casos de impacto social directo.

Una exoneración es entonces la eliminación de la obligación que tiene alguien para tributar. ¿Cuándo se da? Usualmente se realiza para lograr balance horizontal y vertical. Aquí tenemos otra discrepancia: un balance no implica que todos paguen igual. ¿Recuerdan que mencionamos que el impuesto afecta la economía? En particular, afecta a la persona que tributa en términos económicos, lo que tiene efectos directos e indirectos. Siendo así, lo importante al definir los impuestos no es que todos paguen igual, sino que la afectación por el impuesto afecte de forma parecida a todos los actores. Por ejemplo, dos empresas, una gigante y una pyme, no compiten con las mismas oportunidades. La gigante posiblemente tenga ya mercado y economías de escala que le permite manejar mejor sus precios y por ende la demanda, mientras que la PYME no. Aplicar el mismo pago para las dos puede no afectar a la gigante, pero sí a la PYME, restando aún más su poder de competencia. En ese caso, una exoneración para la PYME puede mantener su competencia y a la vez no afectará la de grandes arcas. Eso mismo se aplica en el balance vertical, por ejemplo de la renta sobre el salario. Hay un escalón que está exento, y de ahí para arriba hay varios escalones con exenciones parciales. ¿Es esto un privilegio? ¿Se busca que quien gane más pague más? Para nada, esa es una forma romántica de verlo. La realidad es que gravar los salarios bajos los impacta, lo que reduce las compras, lo que frena la economía, ¿recuerdan?. Así que las exoneraciones no deben pensarse ni como privilegios ni como ayudas sociales, son balanceadores del impacto en la economía. Veamos otro ejemplo.

La economía ha cambiado mucho. Antes exportábamos bienes y eso traía dólares al país. La entrada de divisas es buena para nosotros. Actualmente, la producción de bienes ha dado espacio para la prestación de servicios, nuestra economía ha cambiado hacia los bienes intangibles. Hay en este momento varias empresas que son contratadas en el extranjero para realizar servicios localmente, servicios que serán consumidos en el extranjero de hecho. Ese tipo de ganancias no se gravan porque están en el exterior. El plan de renta mundial intenta cobrar impuesto por esos dineros. Para eso, cuando el dinero sea traído al país, se aplicará un porcentaje de impuestos. Uno diría: ¡qué bien! Esa gente que gana plata y no ayuda al gobierno. Pues bien, resulta que si se cobra impuesto por el dinero importado, muy probablemente estas empresas no quieran traerlo al país. Si tienen que hacerlo para pagar salarios que a su vez pagan impuesto (las cargas sociales son en la práctica un impuesto), intentarán pagar más bajo o de plano contratar recurso del exterior. Eso implica que las divisas que entraban como importación ya no entrará, y que posiblemente no se contrate gente local.

En el ejemplo anterior, alguien dirá: ¿qué pasa con el monto que no se cobra por impuesto si se exonera? El país necesita de esa plata. La respuesta es sencilla: si entran esas divisas y se crea empleo, las transacciones se incrementarían, y tenemos impuesto de ventas que ahora sería IVA. Si esa exención se da para esas empresas, su aporte a la economía podría influir en más consumo, que implica mayor recaudación. Tenemos que tener esto muy claro: el dinero no aparece de la nada. Para que el gobierno pueda tener buenos ingresos, es necesario que los contribuyentes obtengan buen dinero porque si no, no podría pagar nada.

Pero mucho de otros ejemplos. Cuando se definen impuestos, el monto gravado muchas veces puede depender de criterios como la pasividad del tributante o la frecuencia de dicha ganancia. No es lo mismo un único impuesto al año, o cuando se da una efeméride, que un impuesto cada vez que como arroz. Por tanto, no puede ser lo mismo un impuesto al salario, que viene cada mes, que un impuesto para cuando gano la lotería, aunque ambos sean por renta. Como bien lo explica don Fernando, en el caso de la exoneración de bolsa que hablamos, se trata de una exoneración por ganancia de capital. Cuando uno pone plata en la bolsa, esa plata le paga a uno intereses. Los intereses están gravados, la bolsa no me paga todo lo que me gané sino que me quita un pedazo para dárselo al gobierno. Sin embargo, si compro un título que sé vencerá en un par de años, y lo vendo a un valor superior al nominal, me gano una platilla. Esa platilla es una ganancia de capital y esa es la plata que estaría exenta. ¿Qué frecuencia tiene eso? El mismo don Fernando dice eso casi no se da, porque los títulos se mantienen y se cobran cuando se vencen. El mercado especulativo no es muy movido que parece. Por otro lado, ¡no hay impuestos a las ganancias de capital! Según entiendo, las únicas que se gravan son las obtenidas por la venta de activos depreciables, o las obtenidas por fondos de inversión. De hecho, el nuevo proyecto incluye un capítulo entero para esto. Lo que pasaría entonces es que se comenzarán a gravar ganancias de capital, como cuando usted vende una casa. Las personas que se ganan la vida vendiendo casas, tendrán que pagar renta. Así, la exoneración de la que hablamos será para las personas que trancen en bolsa y vendan títulos en el mercado especulativo, que según nos cuenta don Fernando, no es muy activo (no hablamos de las grandes bolsas gringas). Así, podemos suponer que la cantidad de dinero que “NO” se estaría captando es mínima, comparada con el impuesto a otras ganancias de capital como los bienes raíces (la gente que compra un lote en jacó por 50 millones y se lo vende a los inversionistas italianos en 500 millones, esos 450 millones de ganancias pagarían impuesto). Si queremos comparar la exoneración, no lo hacemos con el asalariado (esa es otra liga y otro tipo de renta), sino con estos negocios. Por ende, las comparaciones esgrimidas y las justificaciones para no exonerar, no tienen sentido lógico para mí.

Puede que esté equivocado, pero esto es lo que entiendo. Bienvenidas sean las correcciones.