La historia de Imelda

Nota :Esto está basado en diversas notas periodísticas y algunas del portal de la fiscalía de El Salvador.

Imelda venía de una familia muy pobre que vivía en pobreza. Tenía apenas 12 años cuando ya su padrastro abusaba de ella. El día de recoger la pensión, el padrastro le decía a la mamá de Imelda que se la llevaría para que la acompañara. Pero luego de recoger el dinero, se la llevaba a un lugar parecido a una cuartería, alquilado por unas mujeres, para que él la violara. Calló durante siete años.

Imelda comenzó su carrera en ciencias de la salud. A los 19, sus compañeras le decían que estaba cambiando, y le preguntaban si no estaba embarazada. Ella lo negaba. Su propia madre le consultó y la llevó al médico, quien le hizo un examen y corroboró el embarazo, pero Imelda lo negó. Justificaba su negación diciendo que menstruaba todos los meses, así que no podía ser embarazo.

Un día de abril, Imelda fue encontrada desmayada, desangrándose. Junto a ella, la mamá encontró algo ensangrentado y lo recogió. Llegó la ambulancia y su madre se fue con ella. Al llegar al hospital, la doctora corroboró que lo que llevaba la madre era una placenta, y que el bebé podría estar a término. La doctora interrogó entonces a Imelda preguntándole dónde estaba el bebé, pero Imelda seguía negando que estuviera embarazada.

La doctora siguió, insistente, y entonces Imelda contó que ella sintió un dolor muy fuerte en el vientre, fue al servicio y estando sentada, sintió algo grande y caliente que salió de ella. Se levantó a buscar ayuda pero perdió el conocimiento. Al oír esto, la doctora activó el protocolo de aborto y dio parte a las autoridades. Se envió a la policía a la casa: el servicio era una letrina (escusado de hueco) de unos 4 metros de profundidad. Una vez quitada la tapa, se escuchó el llanto de un bebé. Un oficial entró y encontró a una niña, de término, llorando, embarrada de heces y un polvo blanco que se supone era cal. La pequeña no tenía ninguna lesión de cuidado, solo un golpe en la espalda producto de la caída.

Al conocer la noticia, Imelda negó saber que la niña estaba en la letrina. Fue arrestada y puesta a la orden de la fiscalía, que abrió un caso.

La fiscalía indicó que Imelda ocultaba alevosamente el embarazo y que al sobrevenir el parto, ella tomó a la niña, cortó el cordón umbilical y la tiró a la letrina para que muriera: la acusaron de intento de homicidio, con una pena de 20 años.

Los abogados de la defensa alegaron que toda la prueba era indiciaria, basada en testimonios de personas que no estuvieron presentes durante la emergencia obstétrica. Varios de los grupos activistas pro aborto, crearon la noticia falsa de que la estaban condenando por abortar, pero no, la acusación era mucho peor. Los artículos 133 al 137 del código penal salvadoreño tipifican las penas por aborto. En el 133 se indica que una mujer que consintiera la práctica de un aborto o se lo practicara ella, tendría una pena de 2 a 8 años. El aborto espontáneo NO ES PENADO. El aborto culposo, el que se produjera por malas acciones de la madre pero sin intención, TAMPOCO ES PENADO. Pero ser acusada de intento de asesinato de su propia hija, eleva la pena a 20 años de cárcel. Si hubiera muerto, serían 30 años como mínimo y 50 máximo (129 del código penal salvadoreño). Imelda fue a prisión preventiva.

Luego de más indagaciones, la otra desgracia de Imelda sale a la luz: ella al fin cuenta que el padrastro la abusaba desde niña. Indica que no decía nada porque tenía miedo de él y sus amenazas. Se hace una prueba de ADN que da positiva: el padrastro es el padre de la bebé. Once meses después del inicio de todo, el padrastro es capturado y le espera un juicio que podría darle 20 años de cárcel.

Los abogados defensores también reclamaron que el juez era muy machista, dado que el hecho de la violación convertía a Imelda en víctima, pero el juez rechazó eso y todo intento de mezclar los casos alegando que eran cosas aparte.

Hubo mucha más discusión. Los peritos debatían si alguien podría no darse cuenta de su embarazo o no, de si el cordón umbilical se podría romper dada la caída de la bebé, o si hubo un corte por parte de la madre, incluso una evaluación cognitiva se le hizo a Imelda.

El juicio se atrasó hasta hace un par de días, estaba para noviembre, pero la fiscalía no se presentó por problemas de salud de uno de los fiscales. Se solicitó que se liberara a Imelda porque no podía dañas a nadie ni podía salir del país, pero se denegó. La fiscalía parecía no tener asidero en su acusación de intento de asesinato, así que presentó una solicitud para la comparecencia ahora en diciembre: pidió que Imelda aceptara a ir a un juicio abreviado a cambio de declararse culpable de abandono y desamparo de persona en perjuicio de una menor de edad. Ella aceptó, su salud empeoraba. La pena era muy baja y con el tiempo que había estado en prisión preventiva ya habría descontado. Sin embargo, el juez Hugo Noé García decidió que aquello no tenía sentido y consideró que no hubo dolo y corroboró que Imelda sufrió mucho sicológicamente al saber sobre su hija, por tanto la dejó libre sin ningún tipo de condena.

Actualmente hay mucha algarabía por la liberación. Mucho grupo está pidiendo que se derogue 133 al 137 aunque no tuvieron mucho que ver. Los abogados defensores también acusaron a la doctora que dio el aviso a la policía porque supuestamente violó el secreto profesional. Resulta que si no lo hubiera hecho, Imelda hubiera vuelto a su hogar a continuar con el abuso de su padrastro y una bebé de año y pocos meses que ahora juega con su abuela hubiera muerto en una letrina, llena de heces y cal.

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