La Trampa de Pluralismo.

La declaración del pluralismo cultural y religioso no es más que la constatación de una realidad nacional: tenemos diferentes etnias, culturas y cultos religiosos. La idea de dicha declaración es dejar claro que todas ellas son bienvenidas y que habrá espacio para que todas puedan expresarse sin temor a la intolerancia y el odio.

Pues bien, ese concepto loable tiene un pero: dependiendo de la interpretación, el pluralismo puede llegar a ser algo de lo que él mismo quiere defender. Pero veamos primero que significa:

1. Toda persona tiene derecho a tener una cultura y tener creencias religiosas, y a expresar cualquiera de ellas sin temor a represalias no intolerancia.

2. El gobierno abrirá espacio para todas esas expresiones

3. El estado velará por el respeto hacia esas expresiones y también por el derecho que tienen las personas de expresarlas.

4. El estado no dará trato preferencial a ninguna de estas expresiones.

Ahora bien, hay un concepto extraído de la intolerancia que usualmente permea esta concepción pluralista. La idea es que todas estas expresiones convivan en un mismo territorio. Sin embargo, en grupos intolerantes, la expresión de alguna cultura o religión puede llegar a ser ofensiva y molesta. El estado, en ese caso, debe intervenir para que la expresión no sea bloqueada o prohibida, es decir, debe estar en contra de la intolerancia. Sin embargo, esa noción de “ofensividad” de la expresión, más bien convierte el pluralismo en algo que ataca lo que quiere promover. Ante este concepto, el estado comienza a bloquear y censurar las expresiones bajo la premisa de que ofenden a otros. Esto lleva a un estado no inclusivo sino represivo, donde se da la censura previa y se impone reglas sobre lo que se puede decir y dónde se puede decir. Esto viola los derechos humanos de culto y libertad de expresión.

Veamos a ver si lo dejo claro: el estado, digamos que en un sitio público, si es pluralista, debe permitir que diferente culturas y cultos religiosos puedan expresarse. Si en nombre de la pluralidad, el estado bloquea toda expresión cultural o religiosa en sitios públicos, está más bien tomando una posición en contra de la expresión, en contra de la libertad, en contra del derecho al culto o cultura, y se convierte en totalitarista.

¿Se da eso? Ciertamente. Veamos algunos casos:

1. En Virginia, Marylan, el Monumento a La Paz, que tiene más de cien años, y es conmemorativo de 49 soldados de la primera guerra mundial, ha sido declarado inconstitucional porque involucra al gobierno con la religión. Esto se da porque un grupo activista ateo presentó una demanda contra ese monumento. Aún está en apelaciones, pero si eso queda firme, es probable que otros monumentos también sean eliminados, como la cruz en el desierto de Mojave, la estatua de Jesús de Big Mountain, o el monumento a los Diez Mandamientos de Oklahoma. 

2. En Ploërmel, un pueblito de la región de la Bretaña Francesa, instalaron una estatua en honor a Juan Pablo II. Sobre ella hay una cruz. Pues el Consejo de Estado Francés ha declarado que esa cruz sea eliminada por infringir la ley de 1905 separación de la Iglesia y el estado, que prohibe “exhibición ostentatoria de signos religiosos”. El alcalde de Ploërmel y el gobierno de Polonia seguramente irán a la corte de derechos humanos europea. Todo esto inició con una demanda de un grupo secularista.

3. La Cruz Roja de Bélgica ha decidido eliminar los crucifijos de las paredes de sus centros. Dice que es porque se debe “reivindicar el secularismo”.

4. En el 2015 el alcalde de Valencia, Joan Ribó, ordenó eliminar toda las referencia cristianas del cementerio de la localidad. Esto implica eliminar todas las cruces del cementerio, clausurar las capillas y convertirlas en salas de ceremonia, tapas los vitrales, eliminar las imágenes, etc. En febrero de este año, Ribó prohibió una de las tradiciones de Valencia, el toque de las campanas de la Iglesia de San Nicolás, parte de las fiestas de las Fallas, alegando que molestaban a uno de sus copartidarios. También se eliminaron todos los pasitos en sitios públicos y se prohibió hacer mención de la palabra “navidad”.

Así, en muchos lugares, se eliminan tradiciones y expresiones de una parte (mayoritaria) de la población con el pretexto de que la otra parte sufre. Lo que debería pasar es que se abran opciones de expresión a otras culturas y cultos.

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