El beso del diputado.

Un grupo de personas que dicen representar los derechos humanos, y en particular los de la población LGTBI, llegó a la asamblea legislativa y puso un cartel que decía: “Con los derechos humanos no se juega”. El cartel tenía un fotomontaje donde se veía a los diputados Antonio Álvarez y Gonzalo Ramírez dándose un beso en la boca, y tenía logos de soporte, entre ellos el de la federación de estudiantes de la UCR. Este cartel causó indignación entre los diputados, que solicitaron fuera retirado por ser ofensivo. Como el grupo no lo quitó, se llamó a seguridad y hubo un altercado, donde los del grupo de manifestantes dicen que salieron golpeados.

Hablé con una persona que, parece ser, era parte de este grupo (aunque no sé si estaba presente ese día) y me dice que la intención del cartel no era ofender, que no ganaban nada con eso. Ante la pregunta sobre el mensaje real del cartel, no dijo nada, no me contestó más. Esta situación generó muchos comentarios y preguntas. Aquí están con algunos comentarios míos.

1. ¿Ofensivo? ¿Por qué es ofensivo un cartel con dos hombres besándose? Uno de los cuestionamientos que hace mucha gente, es que es ilógico que el grupo LGTBI intentara ofender a los demás con algo que de hecho representa por lo que luchan, es como decir que para ellos el beso es insultante. Pero, según me dice la muchacha que pertenece a ese grupo de manifestantes, el cartel no pretendía ofender. Sin embargo, resultó ofensivo para algunos diputados, de diferentes bancadas y diferente sexo (es importante notarlo). ¿Por qué es ofensivo? ¿No es acaso una manifestación homofóbica el ofenderse por un beso homosexual? Aquí hay mucha tela que cortar, pero según ciertas personas, el problema no es de ofensa sino de repulsión en el lado de los hombres. Para un heterosexual, hombre, es placentero el besar a una mujer, pero el dar el beso a un hombre les resulta repulsivo. ¿Por qué? Puede decirse que hay algo en la química que los hace repeler el asunto, ese algo que no está en la química de un homosexual hombre que sí disfruta besando a otro hombre. Esto es claro porque para muchos hombres heterosexuales, ver besarse a dos mujeres no les resulta tan repulsivo, incluso a algunos les resulta agradable y les alborota el libido. Esto es, aquí hay una proyección de sus propias emociones. ¿Y para las mujeres? No tengo muchos datos, pero también hay una repulsión al ver a dos mujeres besarse, aunque ver a dos hombres puede no causar el efecto erótico como pasa con el hombre, y eso puede ser causa de la misma cultura. Ahora bien, también la persona heterosexual, hombre o mujer, considera que poner en tela de duda la masculinidad o femeneidad de una persona es una falta de respeto, justamente porque tiene la concepción de que ese fallo en masculinidad o femeneidad no es positivo, sino más bien una causa de vergüenza. Eso sería, claro está, una apreciación homofóbica.

Ahora bien, también está el hecho comentado de que poner en un montaje a alguien en actividad amorosa-sexual con alguien que no es su cónyuge, es de hecho una falta de respeto. Siendo así, si pusieran a una diputada mujer y un hombre besándose, generaría el mismo malestar por considerarse una falta de respeto, en particular para la mujer.

Sin saber qué pasa en las cabezas de los diputados, es difícil concluir si el rechazo del cartel se debió a una consideración social de respeto, a una repulsión, o a homofobia sutil.

2. ¿Y el mensaje? En noviembre del 2011, Benetton sacó una campaña para combatir la “cultura del odio”. En ella, grandes líderes aparecían besando a quienes se consideraba “sus enemigos”. El beso para Benetton era “símbolo del amor más reconocido”, por eso se usó. Los promotores dijeron que “Se trata de imágenes simbólicas de reconciliación –con un toque de esperanza irónica y provocación constructiva– para solicitar una reflexión sobre cómo la política, la fe, las ideas, aunque diferentes y contrapuestas, deberían desembocar en el diálogo y la mediación”. Sabían que el beso entre líderes iba a ser provocativo y disruptivo y lo hicieron adrede para causar revuelo. Sin embargo, su mensaje era claro, no era de insultos sino más bien de señalar los puntos donde había conflicto de una manera impactante.

¿Podría ser que este cartel era una imitación de esa campaña? Para mi es muy probable que la idea saliera de ahí, sin embargo es claro que el mensaje no es el mismo. Lo que sí es claro es que el grupo culpa a Desanti de haber cometido una agresión al sentimiento del grupo al poner a Ramírez de presidente, y también culpa a Ramírez por sus constantes trabas y ataques a sus posiciones. Sin una respuesta del grupo clara, queda suponer que la idea de poner a dos personas a las que consideran contrarias y culpables, en un montaje que las pone a hacer algo a lo que supuestamente se oponen, es un reclamo con intención de causar una reacción de enojo. Otra idea es que represente la complicidad de los dos, el “amorío” que tienen y los hace trabajar en conjunto para lograr un puesto en el poder. Incluso podrían ser las dos insinuaciones.

3. ¿Libertad de expresión? El grupo de manifestantes alega que se violentó su libertad de expresión al ser quitado el cartel por la fuerza. Por un lado tienen razón en que el quitar un cartel representa una afrenta a la libertad de expresión. Por otro lado, también es cierto que esa libertad no es absoluta, y cuando lesiona la imagen, honor y dignidad de una persona, no puede permitirse porque violenta los derechos de esa persona. Ahora bien: ¿lesionó esa foto la imagen, honor o dignidad de los dos diputados? Unos dicen que no, otros que sí. Cuando se estuvo discutiendo lo de Cocorí, para mucha gente lo que el libro decía no era lesivo para los negros, pero para algunos negros sí lo era, porque tenía efectos directos en ellos. Se discutió que la ofensa no podía tomarse según la fuente, sino según lo que causaba a los destinatarios. Siendo así, cabría decir que aunque no se pretendía ofender, sí causó ofensa a los diputados referidos y por eso no podía permitirse. Pero esa es solo una opinión que podría no aplicar en este caso. Este punto requiere de mucha discusión legal.

¿Qué concluyo? Que hay un problema de comunicación entre estos dos grupos. No se puede ignorar que entre el grupo de diputados hay gente que realmente adversa la manifestación homosexual y con los cuales es difícil sino imposible dialogar. Sin embargo, también es claro que las manifestaciones sin mensajes claros, con visuales disruptivos y conflictivos que afecten la imagen de la persona ante los criterios disímiles que tiene sobre un tema, no logra el objetivo buscado sino que crea fricción y alejamiento.

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