Los Mitos del Estado Laico

Escuchando los comentarios en contra de declaraciones un tanto religiosas de los candidatos, me doy cuenta que hay tantas ideas sobre estado laico como comentaristas hay. Siendo como soy, fanático de las definiciones, me dí a la tarea de revisar las ideas presentadas y clarificar un poco según lo entiendo yo.

Comenzamos por diferenciar entre un estado confesional, uno aconfesional, una teocracia y un estado laico. En un estado confesional, el estado oficializa una religión como la del estado o la apoya. Esto puede implicar muchas cosas: los dogmas de esa religión son tomados como ciertos y usados como hechos para la toma de decisiones, sus leyes deben seguir la moralidad de la religión y no violentar las reglas de la misma, las decisiones y leyes deben ser aprobadas por la jerarquía de la religión de marras y dicha jerarquía puede representar un poder estatal adicional. O, puede no ocurrir nada de eso y la confesionalidad del estado no es más que una declaración en la constitución. Esto es, el estado se vuelve dependiente de la religión o no. En un estado aconfesional, no existe religión oficial, y punto. En una teocracia, los que gobiernan son los ministros y jerarcas de la iglesia, y las leyes no son más que las leyes de la misma religión. Es claro que en una teocracia, definitivamente hay una dependencia de la religión escogida. En un estado laico, existe una o varias religiones en el país, pero el estado no se adhiere a ninguna, no depende de ninguna, lo que implica que no sigue la moralidad de la iglesia y esta no influye directamente en el gobierno. Entonces, un estado podría ser teocracia o laico, no ambas, y puede se confesional o aconfesional no ambas. Pero, si el estado es confesional pero no tiene ninguna dependencia de la iglesia, entonces, en la teoría, se puede ser confesional y laico a la vez. Esto puede confundir a muchos que piensan que laico significa no tener religión oficial, falso, laico significa no depender de ella, no tener religión oficial es ser aconfesional. Ahora, los mitos.

Muchos creen que Costa Rica es una teocracia. Tienen la idea de que la Iglesia Católica dicta y aprueba leyes y que el presidente debe pedir permiso al obispo para salir del país. No hay que temer, eso no es cierto. De hecho, hay varios artículos en la constitución que prohíben que un jerarca de la iglesia tenga un cargo público importante. A la iglesia se le consulta a veces en las comisiones legislativas, pero como un grupo que representa a un sector social. Los noticieros usualmente le preguntan en temas polémicos, pero es más por el afán amarillista que porque la Iglesia tenga algún poder estatal. Así, pragmáticamente, el estado y su ejecución es totalmente independiente de la iglesia, es decir, existe una separación de facto entre el estado y la misma. Lo que somos es un estado confesional.

Se cree que actualmente, todas las leyes e instituciones han sido dictadas según las normas de la iglesia y que se ocupa el estado laico para cambiarlas. Si eso fuera así, la caja no podría dar anticonceptivos ni realizar esterilizaciones; tampoco se podría casar la gente civil, el sexo fuera del matrimonio tendría cárcel, los moteles estarían prohibidos y no habría posibilidad de divorcio. Es claro que no es así, y revisando por encima el código penal, no habría ni una sola ley que se derogaría por ser confesional.

También hay algunos que creen que con el estado laico se prohibiría que un pastor sea diputado y la elección del 1ero de mayo pasado sería imposible. Pues no, en un estado laico hay libertad de credo, nadie es más que nadie y todos tienen oportunidad de ser parte del estado, no debiera importar la fe ni su trabajo. Cualquiera puede tener una posición en el estado, aunque no sería permitido que tal persona intente forzar su fe y creencias a los demás. Si lo intenta, el sistema democrático de representación de los diferentes sectores, como lo tenemos en Costa Rica, lo evitaría. Se ocuparía una ley explícita que discrimine a las personas de una fe y que trabajan en eso (su fe), de ocupar puestos en el estado (de hecho, se puede pasar ya, siendo confesionales). Por ahí creen que con estado laico también se prohibiría a los gobernantes mostrar su fe (no podría orar ni persignarse). Esto es ridículo, va en contra de los derechos humanos.

También creen que con el estado laico se acabará la manutención de curas. Resulta que el gobierno no mantiene a ningún cura, ni los cultos. Actualmente el gobierno está pagando unos 15 millones por mantenimiento de documentos históricos a la iglesia, y tiene el MEP un convenio con colegios semiprivados, algunos manejados por la iglesia (eso no es por la confesionalidad, es por una ley 8791 que subvenciona colegios privados administrados por instituciones sin fines de lucro). Antes se daba para mantenimiento de templos (plata que se ganaban la gente de construcción, no los curas), pero eso ya dejó de hacerse. Así que, con estado laico, ambas cosas seguirían como están.

En fin, ¿qué ganamos con estado laico? Pues nada. Es decir, pragmáticamente,¡YA SOMOS LAICOS!. Lo que se puede sugerir es eliminar la confesionalidad, no hay cambios que sean radicales ni en las leyes, ni cómo funciona el estado, ni en las relaciones con la iglesia, ni en las prohibiciones de pastores, ni nada de lo que esperan librarse algunos paranoicos. Sin embargo, considero que es una buena idea, como parece ser la norma con todos los candidatos, de eliminar la confesionalidad, según lo pide el mismo vaticano.

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