Desmitificación del Taxista

¿Es el taxista el maleante, maleducado, casi asesino que anda en las calles violentando el derecho a la gente? ¿Cómo funcionan, qué son, los taxistas? No soy taxista, pero sí soy algo escritor, y una parte de mi trabajo en esa área es estudiar las cosas, personas y hechos. Este artículo trata de dar una luz sobre esa figura tan vilipendiada actualmente, no tanto para defenderla, sino para conocer su realidad.

Influencias: Declaro que no estoy siendo pagado por ninguna agrupación de taxistas, ni tampoco hago esto como un ataque a UBER porque de por sí soy informático y considero que es bueno el uso de la tecnología. Siendo así, lo que sigue es verídico hasta donde sé y representa una realidad que no pretende ser engaño ni distorsión.

El mecanismo de la ley.
No soy taxista, pero he sido asiduo usuario desde que tengo memoria. Actualmente uso el autobús y el taxi todos los días. Incluso hay taxistas que me reconocen cuando me ven. No hay viaje en el que no hablemos, de cualquier cosa, desde la política hasta el partido del domingo. Algunas veces, hablamos de problemas, los problemas del taxista, que yo escucho.

En mi niñez vendí mangos celes en la playa. También vendía naranjas en el Lito Pérez los domingos de partido, levantándome en las madrugadas para ayudar a pelarlas. Salía yo en la mañana, por las calles solas del Puerto, empujando el carretón de copos, yendo hacia la hielera para comprar una marqueta de hielo partida en dos, y luego dirigirme hacia el Ferry. Por eso sé lo que es recorrer la playa de arriba a abajo, esperando que alguien se antoje de mangos, lo agradecido que se siente uno ante el primer cliente, sé lo que es la congoja de ver a los mayores haciendo cuentas para ver si lo que se hizo en el día alcanza para pagarle al don al que le fiamos las naranjas. Ver la cara de decepción del señor de las naranjas cuando le decimos que nos espere otro día, porque estaba esperanzado en esa plata para comprar su comida del día.

Como dije, uso mucho el taxi. Una vez tuve que agarrar uno para ir de la UCR hasta Alajuela, lo tomé al frente de lo que ahora es Hooters. Como siempre, comenzamos la conversada. Apenas supo que yo era profe de la U en informática, comenzó a preguntarme sobre la carrera, a pedirme consejo. Su hijo parecía muy interesado en la computación y quería saber si valía la pena que estudiara eso. Le di mis mejores consejos. Luego me contó que estaba rejuntando para comprarle una compu al muchacho, y quería saber qué tipo de compu comprar. Igual, mis consejos fueron dados. Fue ahí cuando me dijo que esperaba que su hijo pudiera tener una carrera, que el oficio de taxista era cruel y que no quería heredarle la placa sino algo con más futuro. Llegamos a mi casa a eso de las ocho. La maría marcaba un monto y el me cobró cerrado, perdiendo unos 600 pesos. Le di entonces las gracias y él me dijo que más bien muchas gracias a mí, que llevaba ya 8 horas de trabajo y el día estaba tan malo que este viaje era una bendición, porque con él cubría la cuota del día, que aún le quedaban unas cuatro horitas hasta las doce para poder ganarse alguito para él. Y lo entendí perfectamente, porque yo había estado ahí.

¿Es el taxista alguien a quien le regalaron algo, mantenido por el estado? Veamos la parte legal. Una persona que quiera ser taxista, deberá solicitar al gobierno una placa, las cuales están limitadas en número. Dicha placa se otorga con un contrato de concesión, que es un contrato donde el nuevo dueño de placa se compromete a seguir una serie de disposiciones y trámites que buscan que el servicio de transporte público sea bueno y universal. En dicho contrato también se dispone que el gobierno regulará la actividad, cuidando de que no haya sobre oferta y que se cumplan las condiciones de competitividad.

¿Qué debe cumplir? El taxista debe pagar el canon de regulación (que se usa para mantener a la ARESEP), que es un monto que se deduce del costo del primer kilómetro. El monto es fijo, así que si el taxista no hace suficientes carreras, puede estar cubriendo el monto de su bolsillo. También debe tener un seguro que cubra a sus pasajeros, que por ser seguro de actividad comercial tiene un costo más alto. Debe ir a RITEVE cada seis meses (que implica hacer ajustes y reparaciones en los autos, que sufren más por el continuo uso al que son sometidos), deben llevar control de ingresos y egresos porque tienen que declarar ante hacienda y cotizar para la caja.

¿Cómo funciona eso de las placas? Las placas de taxi son limitadas, y hay una cantidad particular para cada zona. Esas placas son entregadas a personas luego de ciertos trámites. Se busca que las personas estén en riesgo social de forma que la placa sea una ayuda para los más necesitados. Claro, esto no se cumple siempre, y hay gente que dice que muchas placas han sido otorgadas como favores políticos, incluso dando varias placas a la misma familia (lo cual es ilegal). Sin embargo las denuncias no parecen darse.

¿El taxista maneja su placa? El taxista debe primero conseguir un carro. Para alguien en riesgo social esto puede ser muy difícil, dado que no son sujetos de crédito. La ley permite una exoneración de impuestos del 60%, y poder utilizar el auto como garantía prendaria. Aun así, es difícil tener la prima y algunas compañías de autos usados no les gusta vender con garantía prendaria si el carro será usado como taxi, por su depreciación acelerada. En fin, si no logra conseguir el carro,  puede buscar la opción de alquiler de placa (cosa que no estoy seguro que sea legal). Lo que sí es legal es ceder la concesión a otra persona, pero solo luego de haber transcurrido 3 años. La ley exige que el dueño de la placa conduzca personalmente el taxi por lo menos en una jornada de 8 horas. Excepto si el concesionario es una jefa de casa, una persona con discapacidad o enfermedad, o mayor de 60 años: dichas personas pueden contratar a un tercero que les conduzca. También los taxistas capacitados pueden contratar a alguien que les conduzca en otra jornada (de esto incluso tiene conocimiento el ministerio de trabajo, que resuelve conflictos de este tipo). De esta manera, se tiene servicio de taxis las 24 horas. Hasta hace poco, en el 2012, se hizo un cambio a la ley para permitir heredar la placa. Lo sé porque un taxista me lo comentó una vez: estaba feliz porque iba a poder dejarle la placa a su esposa para que se ayudara. Me volvió a ver y me di cuenta que él sabía que moriría pronto, yo no pregunté nada más.

¿Alquiler de placas? Como dije, hay ocasiones en que los taxistas no tienen carro o no pueden dar el servicio. En ese caso, alquilan la placa. La placa no sale de su nombre, así que están obligados a todos los trámites y serán responsables de todo lo que pase con su placa, pero quien hace usufructo de la misma es otra persona. ¿Legal? No está contemplado en la ley, aunque tampoco está prohibido. Sin embargo, es una forma que ha permitido que una persona pueda poner a trabajar varias placas: se consigue a gente que no puede trabajarlas y las alquila, contratando luego a choferes, convirtiéndose en un intermediario que no hace nada pero si obtiene ganancia. Eso no parece justo.

¿Choferes contratados? Muchos de los taxistas que andan manejando no son dueños de placa. Esto no es ilegal, al menos no está prohibido, y ayuda a que otras personas que no han sido concesionadas ni tienen carro, puedan tener un trabajo. Usualmente el dueño de la placa cobra una cuota al chofer, quien no tiene un sueldo fijo. El chofer debe pagar la gasolina, así que esta se rebaja de lo que ganó. Paga la cuota y lo que sobre se lo deja como pago. Algunas veces, como en mi historia, la cuota es difícil de conseguir, y el chofer trabaja el día por nada.

Los taxistas también deben tributar. Reparaciones, la gasolina, la lavada del carro, todos los gastos deben ser registrados contra factura. Usualmente un contador les lleva los datos, para poder presentar su declaración. El costo del contador también se cuenta.

Otro costo es el de las radiobases. Para poder dar un mejor servicio, se usan radiobases donde los clientes pueden llamar para conseguir un carro. El taxista debe pagar un monto de derecho y alquiler del radio, sea por semana o por mes. Es como un “UBER” pero por radio y teléfono, donde quien hace los contactos es la radio operadora.

Claro, hay otras reglas que claramente no se cumplen, como que los taxistas deben andar uniformados, con pantalón azul y camisa o camiseta blanca lisa.

Básicamente esta es la realidad legal de los taxistas.

El lado humano.
Solo para comprobar un poco lo que se dice en redes sociales, les contaré de nuevo que uso mucho el taxi. He tenido malas experiencias, claro está. Una vez me monté con un taxista que me dijo que la maría la tenía mala, y que yo le tenía que decir cuánto me cobraban regularmente. Yo no tenía ni idea, así que no le pude dar una respuesta. Ya había comenzado a andar, de pronto se orilló y me dijo de forma descortés que me bajara, que no iba a llevar a alguien que no se dignaba a contestarle una simple pregunta. Yo le dije que era obligación de él tener la maría en buen estado y cobrarme lo justo, pero me bajé. Claro está que ahí mismo, mientras se alejaba, tomé mi teléfono y lo denuncié. El señor que me contestó me dio las gracias por la denuncia y me dijo que actuarían en el caso. Lo que no me preguntó fue sobre cómo me contactaban para darme el resultado, así que nunca supe si al final pasó algo con el taxista o no.

Sin embargo, cuando se me baja el colerón, pienso en que esa reacción la he visto en otras personas, algunos profesionales con altos cargos, y que son simplemente berrinches, personas que explotan luego de tener un día terrible, y el que paga los platos rotos es uno.

Los taxistas andan a veces bajo mucha presión. Pasan las horas y aún no han conseguido la cuota, por ejemplo. No pueden andar dando vueltas porque gastan la gasolina y como vimos eso lo pagan ellos. Por eso buscan quedarse en alguna parada de taxis, y a veces están muy llenas porque no hay servicios, ahí las doble filas. Tienen que lidiar con las horas de baja demanda, porque están obligados a trabajar las 8 horas (que usualmente son 12). Algunas veces otros taxistas aprovechados se arriman a la fila y se llevan un servicio quitándoselo a los que estaban haciendo fila por horas. Otras veces, luego de estar en fila por un buen rato, llega un cliente y les pide una carrera de menos de un kilómetro. Cuando esa carrera termine, deberán volver a la fila y esperar otro par de horas para otro cliente. Mala suerte, injusticia.

Cada vez que me subo al taxis doy los buenos días, pido que me lleven a tal lugar y termino con un por favor. Cuando me bajo, doy las gracias y usualmente recibo un “que Dios lo acompañe”. Durante el trayecto hablo con el chofer, porque suelo sentarme a su lado. La gran mayoría son amables, corteses. Algunos fuman, pero siempre me han preguntado si pueden fumar en mi presencia, con respeto. No me dan botellitas de agua, pero muchos me han ofrecido el periódico para que vaya leyendo. ¿Tengo muy buena suerte? Puede ser. Alguna que otra vez me ha tocado alguno chofer que no es tan cortés, otro que su aseo personal deja que desear, cuyo auto huele mal y se siente sucio. Y ese que me bajó de su taxi.

Entonces, pregunté una vez: señor, cuénteme, la gente que se sube a su taxi ¿le da los buenos días, saluda y pide por favor? No. La verdad es que mucha gente se sube al asiento de atrás y con voz de mandato dice “lléveme a tal lugar”. Luego, “¿Cuánto es?”, paga y se baja sin decir adiós. Lo mismo he visto con los choferes de bus. La gente sube, da la plata y sigue sin decir buenos días ni nada. Se baja y poca gente dice gracias (poca, usualmente personas mayores que tienen una educación social más arraigada, siento yo). ¿Será que vemos a los choferes como cosas, servidores públicos anónimos que no merecen nuestras buenas costumbres? ¿Gente que es nuestra empleada y por eso podemos mandar sin agradecer?

Luego vienen las historias de objetos perdidos. Muchas de hecho. Historias de taxistas que encuentran celulares, carteras, uno incluso me dijo que le dejaron una caja con la plata de la planilla de una empresa. Claro está, los que lo cuentan lo devolvieron, y es repetitivo el final: ni las gracias dieron. Dijo uno que una pareja dejó un paquete con plata, y se bajaron en una parada de bus. Al darse cuenta, el taxista se devolvió y se bajó a entregarles el dinero, y el doncito se le vino encima a golpearlo diciendo que se lo había robado. Fue la doñita la que lo frenó y lo regaño, porque el taxista venía a devolver la plata. ¿Así somos?

Tengo desde hace rato la aplicación Easy Taxi instalada en mi teléfono. ¿Cuántas veces la he usado? Ninguna. Siempre, siempre que he necesitado un taxi, hay uno cerca. Cuando me bajo del bus, cuando salgo de la casa, cuando salgo del trabajo, hay una parada de taxi cerca, o espera uno unos minutos y pasa uno desocupado. Están por todos lados. Una vez, en carretera, vi a ocho taxis en un rango de 100 metros. Le pregunté al chofer y me dijo que sí, que eso estaba saturado, que hay más taxis que servicios y que el gobierno no hacía nada. Sin embargo, llegan más.

Eso es mi vivencia, con las voces de los taxistas. Personas que trabajan, como la que vende el periódico, o el que barre el caño. ¿Hay maleantes? Pues sí, un señor taxista me dijo que en ciertas paradas hay algunos choferes que no son santas palomas y que siempre quieren aprovecharse del cliente, que los deja muy mal. Lástima que no hay una manera de identificarlos y pedir que los saquen de circulación.

En fin, seguiré sentándome a la par del chofer, como compa pulseador, le seguiré saludando cortésmente y dándole las gracias. Si voy a utilizar el servicio para ir cerca, sé que tengo que agarrar al último de la fila, el que acaba de llegar, para no hacerle una injusticia al primero. Espero eso sí que mejoren sus autos, que mejoren las condiciones de contratos, que mejore la legalidad de las concesiones, que tengamos un servicio público de primer mundo.

Así estamos.

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